Capítulo 4 – De vuelta al trabajo.

De vuelta al trabajo

“Todo se va amalgamando,
juntando a medida que la conciencia avanza.
Solo podemos comprender hasta el límite
de nuestra percepción por cómo es
nuestra conciencia.”

Anéeka de Temmer.
Camarote de la Toleka.

Órbita geoestacionaria a 450 Km de la Tierra.
Mayo de 2021, marco temporal terrestre.

Anéeka de Temmer miraba la Tierra desde el enorme ventanal lateral de su compartimento privado dentro de la nave estelar Toleka que daba vueltas al planeta en una órbita baja a unos 450 Km de altura. Pareciera que fuera a desplomarse desde su posición, pero solo era una falsa sensación creada por la colocación relativa del crucero respecto al eje de rotación de la Tierra. Después de casi tres meses terrestres ausente, descansando en su planeta natal, Temer, allí estaba otra vez con rostro contrito, manos a la obra. Había sido otro día agotador y después de muchas horas terrestres trabajando decidió parar para descansar. La oficial de inteligencia y flamante doctora en medicina de la nave estaba ensimismada con sus pensamientos.

Lo que se había encontrado a la su vuelta de sus días de descanso y recuperación era muy diferente a lo que había dejado cuando se fue. Y diferente no significaba mejor. Ella y su equipo habían conseguido analizar el contenido de los viales del famoso remedio experimental que habían desarrollado en la Tierra para acabar con un falso virus mortal y por tanto con la falsa pandemia. Habían quedado horrorizados con lo que habían descubierto y posteriormente desintegrado todo lo que tenían para evitar que algo de aquello pudiera saltar al interior la nave. Estaba muy preocupada, pero intentaba que estos pensamientos no bajaran su vibración. No los juzgaba, no los criticaba, solo los dejaba pasar, pero ahí estaban. Aunque su poder de procesamiento mental como raza taygeteana era mucho mayor que el terrestre medio, era demasiada información la que debía de procesar.

De vez en cuando una sonrisa se esbozaba en sus labios cuando miraba la Tierra y pensaba en los acérrimos e impenitentes terraplanistas que se obstinaban en decir que la Tierra era plana y que desplegaban toda una artillería de pruebas irrefutables para demostrarlo:

—No, no lo es. Los ojos no me engañan —se decía a sí misma—, a menos que las bandas van Allen y el inconsciente colectivo terrestre me esté afectando. Es una agenda más de las élites satánicas de la Tierra.

No cabía duda. Definitivamente la Tierra era redonda, de base toroidal, más bien como una geoda, como una patata.

Ante lo que había descubierto tras su vuelta, se sentía realmente preocupada por sus amigos terrestres porque su futuro era más que incierto. Nada podía hacer por ellos salvo transmitir y compartir toda la información que fuera posible. Empoderarlos, para que ellos mismos pudieran salir del trance en el que se encontraban. Cualquier otra acción para intervenir de forma directa en la Tierra estaba vetada por la Federación que vigilaba minuciosamente lo que hacían y decían. “Regresiva por permisiva”, repetía Anéeka mentalmente, intentando justificar de algún modo el comportamiento de la excelsa y ecuánime Federación.

La actividad de divulgar información extraterrestre la ejercía junto con sus amigas swaruunianas, Sophia, Minerva y Athena. Aun así, le parecía poco toda esa labor y tenía la sensación de que podía hacer algo más, pero en su interior sabía que intervenir de otra manera podría provocar un conflicto diplomático cósmico brutal. Basada en parte en la información que venía de la Federación y con la que a priori estaban de acuerdo, todas ellas habían repetido innumerables veces que la situación de la humanidad era exclusivamente responsabilidad de la propia humanidad y que era ésta la única que podía solucionar el problema.

Pero sobre su corazón revoleteaba la certidumbre de que la Federación había admitido demasiadas atrocidades en manos de sus socios terrestres con los que tenía contacto directo a lo que se le sumaba el comportamiento más que sospecho y extraño de la reina Alenym I tras la desaparición de Swaruu de Erra y no solo después, también antes. No dudaba de su capacidad diplomática, pero que la reina Alenym I hubiera llegado a un acuerdo con la Federación para seguir con la divulgación y el acceso a los servidores de Internet de la nave andromedana Viera cuando la Federación había sido taxativa en cuanto a cortar la conexión con la Tierra, parecía cuanto menos sospechoso. No quería manifestar algo negativo, pero Anéeka se sentía intranquila con los últimos movimientos de Alenym.

Cada vez estaba más convencida de que la Federación era regresiva por permisiva, pero, aun así, la Federación no intervendría a pesar de lo encontrado en los viales analizados de manufactura claramente no humana. ¿Acaso la tecnología avanzada no humana era manufactura de la manifestación de los zapatitos rotos, como llamaba a los humanos Swaruu de Erra? La Federación jamás intervino en los momentos claves de la historia reciente de la Tierra. Las atrocidades de la edad media, las guerras mundiales, los genocidios locales y muchas más cosas, ¿por qué intervendría ahora? Además, desde el punto de vista más expandido de los miembros de la Federación y sus niveles interdimensionales, la humanidad tenía la culpa de todo lo que ocurría, aunque hubiera sido manipulada y engañada para actuar como el cabal terrestre deseaba. ¿Realmente esto era así? Fuera como fuera, la humanidad estaba sumergida en un profundo y paralizador inconsciente colectivo y debía despertar para ser consciente de toda esta manipulación y ataque regresivo y poder defenderse.

La humanidad había creado el monstruo con sus miedos y la humanidad podía destruirlo liberándose de ese miedo. Pero el miedo era el alimento de ese monstruo y ya se había encargado de generar ese miedo en cada ser humano. Y con esa preocupación volvía la mirada a sus amigos terrestres por los que sentía un amor inmenso. En su mente estaba el poder extraerlos si la cosa se ponía fea, pero rechazaba la idea negándola con un ligero vaivén de su cabeza. Sabía lo poderosa que era la ley de la manifestación para las razas lirianas no terrestres y evitaba toda emoción y sentimiento al respecto. Se sentía con las manos atadas o más bien con la mente y el corazón encorsetados. Además, la Federación no se lo permitiría, aunque la raza Taygeteana hubiera logrado aparentemente desligarse del control de ésta. La reina de Taygeta, Alenym I, había logrado convencer a la Federación, al menos aparentemente, para que pudiera obrar sin tanto control reportando solamente al consejo de Alcyone.

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Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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