Episodio 19: Peregrinación a Keh-met.

Peregrinación a Keh-met

“Los Ibaru eran ancianos druídicos que
habían viajado a Egipto en períodos remotos
llevando la adoración solar allí. Probablemente
eran similares a los Shemsu Hor, los Discípulos
o Compañeros de Horus; la raza de tez clara,
técnicamente dotada, cuyos restos fueron
encontrados en Nubia por el eminente
arqueólogo profesor Walter B. Emery.”

Michael Tsarion.
El origen irlandés de la civilización. Vol. 1.

Colonia de Keh-met.
Hace 11.500 años, marco temporal terrestre.

Durante siglos los fomorianos reptiles estuvieron luchando contra las tribus lirianas que se negaban a ser otra vez dominadas por esos malditos monstruos. La falta de tecnología por un lado y el ineficaz control mental contra los poderosos y sabios lirianos por otro, les impedían conquistar las mentes y arrebatar las vidas de los que una vez fueron sus esclavos.
Finalmente, los fomorianos de Ériu, el mal sobre esas tierras, fueron erradicados, pero las tribus de los nemedianos y partholanos quedaron muy diezmadas, casi extinguidas. Los pocos reptiles supervivientes veneradores de la oscuridad escaparon hacia los confines del mundo y las tribus lirianas veneradoras de la luz y del sol por fin pudieron respirar con tranquilidad y en paz.
Sin embargo, muchos druidas —también llamados aryans—, que no eran más que eran mujeres y hombres purificados para trabajar con las energías sutiles de la tierra, videntes, sabios o ancianos, técnicamente dotados, inquietos espiritualmente e instruidos con los conocimientos de las antiguas lemurianas y que pertenecían mayoritariamente a la tribu de los tuatha de danann y en menor medida a la de los partholanos y nemedianos, se sentían fuertemente atraídos por la idea de peregrinar hasta tierras orientales y adquirir nuevos conocimientos y mejorar su tecnología.
Deseaban conocer como había sido la evolución de otros supervivientes al desastre de Tiamat y habían estudiado la posibilidad de moverse a otros lugares donde la presencia de los arcaicos monstruos reptiloides fuera nula o escasa y no tuvieran que emplear su tiempo y sabiduría en deshacerse de ellos. Estaban deseosos de alcanzar nuevas experiencias y ver nuevos lugares.
Por aquel entonces, habían oído hablar de los trabajos que otras tribus de lirianos y descendientes de los remotos lirianos atlantes provenientes de los éxodos iniciales de todas las partes del globo y principalmente de Ériu y Al-ba, habían realizado en la antigua colonia de Aere para su reconstrucción y que ahora se llamaba Keh-met. También sabían de la existencia de una base subterránea donde podían encontrar el conocimiento ancestral de los primeros pobladores de la Tierra cuya custodia había estado en manos de las lemurianas primero y de la Alianza después.
Keh-met les resultó un buen lugar para peregrinar y quizás para asentarse durante algún tiempo y la decisión de ir hasta allí fue tomada de inmediato. Se sentirían muy conectados y acogidos por sus hermanos lirianos de Keh-met. Keh-met era un lugar energéticamente activo muy conectado con el cosmos y con el sol que ellos reverenciaban y adoraban. Era el emplazamiento preciso para estar más resguardados y conseguir el avance tecnológico y espiritual que los malditos fomorianos les habían arrebatado en Ériu y Al-ba durante los siglos de estancia allí por carecer de los recursos técnicos necesarios para evitar su injerencia.
Las tierras de Keh-met eran el lugar idóneo para dar el salto que necesitaban como civilización avanzada. Keh-met les recordaba de alguna manera a Ériu y no era por otra razón que la población que había allí era mayormente descendiente de aquel lugar lejano en occidente y que realizaba el culto a sol como ellos.
Pero no todos los hombres sabios irían a Keh-met. Muchos partirían hacia otros lugares del este que habían sobrevivido a la inundación y al cambio del eje de la Tierra y otros, a pesar de su lenta evolución tecnológica, se quedarían, pues se sentían muy conectados a Ériu y a Al-ba, a su naturaleza y, emocionalmente, a la potente energía de su patria original, la desaparecida Atlántida. La conexión espiritual con aquellos lugares era muy alta y eso es lo que muchos necesitaban para su expansión de consciencia y el avance de su espiritualidad.
Al cabo de algunos meses, la peregrinación de los druidas y de otras tribus lirianas procedentes de todas las partes del mundo, pero principalmente de las tierras altas de Al-ba y Ériu hacían su llegada a Keh-met. Allí se encontraron con los antiguos pobladores indígenas de las tierras de occidente, los descendientes de sus ancestros atlantes que habían llegado hasta allí antes de que la guerra de Tiamat devorara la Tierra. Los progresos de estos indígenas de Keh-met eran sorprendentes y los nuevos expedicionarios se unirían a ellos para ayudar.
Los nuevos visitantes fueron bienvenidos. Por su sabiduría, por su porte aristocrático, por su culto estelar y por la utilización de un halcón como símbolo de la adoración al dios sol que ancestralmente llamaron Iesa, se les denominó Shemsu Hor que en la lengua de Ériu, una variante de la antigua lengua atlante, quería decir compañeros, seguidores o discípulos de Horus, adoradores del dios solar, aunque ellos no adoraban realmente a ningún dios, solo a elementos que pertenecían a la naturaleza de la Tierra y del cosmos.
La palabra dios fue impuesta en la psique de los lirianos esclavos por los antiguos gobernantes de la Atlántida. Para los Shemsu Hor el sol era la fuente de vida primigenia, por donde una vez llegaron sus ancestros provenientes de la profundidad del espacio para dar vida liriana al sistema solar Sol 13.
Después de ver en que se estaba convirtiendo Keh-met, los Shemsu Hor decidirían quedarse un tiempo allí. Todos juntos comenzarían a construir, poco a poco, los cimientos de una nueva civilización poderosa e instruida en todas las parcelas del conocimiento, que no se dejaría dominar ni controlar nunca más por los reptiles que habían sobrevivido al cataclismo terráqueo y que combatiría hasta el último suspiro sus incasables ansias de esclavizar a los lirianos de la Tierra.
Por supuesto no contaban con el apoyo de la Alianza Galáctica que tras siglos esperando su vuelta, no había cumplido sus promesas. La Alianza pertenecía ya al mundo de las leyendas después de mil años si saber nada de ella y solo los más viejos recordaban que la Alianza hizo lo que pudo para estabilizar el sistema solar y salvar la Tierra. Quizás la Alianza dejó de existir en un momento dado tras su marcha del sistema solar Sol 13, pero casualmente, ahora que la colonia de Keh-met comenzaba a tener cierto poder, la Alianza volvería a la Tierra para la redención planetaria del yugo reptil de los miembros del consejo de Orión y posterior reconstrucción de la civilización que ella misma había destrozado mil años atrás.

§

Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

Un comentario en “Episodio 19: Peregrinación a Keh-met.

Deja un comentario