Episodio 18: En busca de cobijo.

En busca de cobijo

“A pesar de los intentos monacales de demonizar
a esta raza, podemos concluir racionalmente
que los fomorianos no solo fueron los primeros habitantes
de Irlanda, sino que fueron los sobrevivientes
de la caída de la Atlántida y la patria ártica primordial.»

Michael Tsarion.
Los orígenes irlandeses de la civilización Vol. 1.

Colonia de Aere.
Hace entre 12.500 y 11.500 años, marco temporal terrestre.

Aunque ahora la dinámica energética y gravitacional del sistema solar Sol 13 había quedado ya estabilizada por la Alianza, las consecuencias no previstas de la destrucción de Tiamat habían supuesto una gigantesca preocupación no solo entre los miembros más avanzados de la Alianza, sino también entre los habitantes conscientes de la Tierra y del resto de los planetas del sistema solar. No se entendía que se hubiera dejado destruir un planeta como Tiamat durante los enfrentamientos bélicos entre la Alianza y el Consejo de Orión si se había establecido una especial protección para el planeta por parte de las fuerzas andromedanas y arcturianas. Tampoco se entendía cómo la IA de la Alianza había fallado tan estrepitosamente en sus cálculos y predicciones.  

A posteriori y con datos reales de lo sucedido, la IA de la Alianza por fin pudo calcular con precisión que una gran porción del agua de Tiamat caería en la Tierra y que la destrucción de los ecosistemas terrestres serían un hecho cierto. La gran mayoría del planeta quedaría inundado, sin contar con los cataclismos posteriores que provocaría la caída de tanta agua, de tanto escombro cósmico y el posterior cambio de polos magnéticos. Así pues, con estos cálculos en la mano, la Alianza alertó a las colonias lemurianas y atlantes que era urgente evacuar las ciudades, colonias y asentamientos y buscar cobijo en tierras altas o incluso bajo tierra, siempre que fuera seguro. Los que pudieron salieron de la Tierra en pequeñas naves espaciales para evitar la catástrofe.

Sin embargo, la mayoría de los habitantes sobre la superficie de la Tierra no tenía la menor idea de lo que la Alianza estaba haciendo. La mayoría no sabía qué estaba sucediendo y qué más quedaba por suceder. Solo sufrían las consecuencias de una guerra seguida de una conflagración cósmica desconocida. Los pocos atlantes conscientes supervivientes de tanto cataclismo se habían reunido en pequeños grupos o tribus dirigidas por pequeños consejos formados por los lirianos más sabios y guiadas por taygeteanas lemurianas altamente éticas, espirituales, tecnológicas y eruditas que eran las mentoras que habían intentado denodadamente transmitir conocimiento y liberar de la esclavitud a los lirianos atlantes subyugados por los reptiles.

Estas mentoras que se habían infiltrado en la sociedad atlante también fueron advertidas del desastre que los venía encima y debían alertar a todos los lirianos esclavos conscientes, que estaban bajo su auspicio y que vivían en su mayoría en ciudades subterráneas poco seguras y estaban desconectados de los graves acontecimientos a punto de acaecer, para que huyeran con embarcaciones y poder salvarse del cataclismo en ciernes.

Para compensar la irreparable pérdida de la tecnología que habían poseído, dichas guías proporcionarían todos los conocimientos necesarios para lograr la subsistencia y ayudarían en lo material y en lo espiritual para salir adelante, haciendo lo posible para esquivar los desastres y desplazándose de un lugar a otro hasta encontrar el lugar idóneo donde vivir y subsistir.

Para el resto de los que se quedaron en tierra y fueron alertados convenientemente, lo más acertado sería construir lo antes posible barcos o artefactos que pudieran albergar mucha población y que la protegieran contra grandes olas y maremotos. No había otra opción, ya que salvar a los lirianos de la Tierra vía aérea había quedado plenamente descartado. Así que la gente de Lemuria y Atlántida debía abandonar su hogar cuanto antes y buscar lugares para sobrevivir a la catástrofe de Tiamat.

Había muchos grupos de lirianos, otras razas, como aquellas de cráneos alargados provenientes de la constelación de Casiopea y que estaban muy ligadas a la Atlántida, y sauroides que comenzaron el éxodo y se diseminaron por todo el globo en busca de un lugar donde poder sobrevivir a lo que se les venía encima.

Aquellos que se encontraban en el continente de Appalachia se desplazaron hasta Ériu y las tierras altas de Al-ba, situadas al noreste del mismo continente y que eran parte de la Atlántida. No sabían si estas tierras sobrevivirían, pero a priori parecía un buen lugar para mantenerse a flote tras el cataclismo de Tiamat. A su vez, desde Ériu y Al-ba también huyeron muchos lirianos atlantes que pensaron que aquellas tierras no resistirían el embate del cataclismo.

Estos lirianos habían evolucionado espiritualmente, amaban la naturaleza y veneraban al sol, de donde una vez sus ancestros salieron para poblar este sistema solar. Buscarían refugio hacia oriente, cerca de las tierras de Aere, donde sabían que había una colonia que había sido fundada por sus antepasados. En realidad, nadie sabía cuál sería el lugar más seguro, pero todos huyeron. Y los reptiles también, pero persiguiendo a los lirianos ya que podrían convertirse en su único alimento en tiempo de catástrofes.

Muchos otros huyeron hacia otras partes del globo con la misma inseguridad y temor a no sobrevivir al cataclismo, al hambre o al frio. Otros, dormidos por los influjos y mentiras de los reptiles e ignorantes de lo que pasaba, no se movieron en absoluto pensando que estarían resguardados bajo el techo de sus casas dentro de las cárceles que habían llamado ciudades. Y mientras unos huían por saber la verdad y otros se sentían a salvo por su ignorancia, vino lo inevitable.

Vino lo que la Alianza había predicho. Todo el planeta fue sacudido y todo tembló. Montañas enteras volando, terremotos y maremotos se sucedieron mientras caía el agua de Tiamat y sus escombros sobre la superficie de la Tierra. Ciudades enteras perecieron. Continentes enteros desaparecieron y otros cambiaron su fisionomía. Los éxodos se pararon por un tiempo para buscar cobijo y no ser aplastado por las piedras o inundado por las aguas. Los artefactos fabricados para soportar las aguas se bambolearon, pero, afortunadamente, no se hundieron. Todo el planeta se convulsionó y pasaron meses antes de que todo se apaciguara. 

Luego, con los escasos recursos de que disponía, la Alianza se puso a trabajar para reconducir el desastre que había causado la falta de Tiamat en todo el sistema solar para que éste pudiera encontrar su estado de equilibrio. .

Cuando todo se calmó varios años después, Ériu y Al-ba habían sobrevivido y habían quedado por encima del nivel del mar. Hasta allí llegaron algunos lirianos atlantes y lemurianos que fueron capaces de sortear todos los desastres naturales desatados por el cataclismo de Tiamat —unos emigrando desde occidente y otros retornando a lo que un día fue su tierra— y allí intentaron comenzar desde cero y recuperar su desarrollado espiritual y tecnológico.

Aunque la tecnología más avanzada prácticamente se limitaba a la construcción de utensilios de piedra y metales, a la agricultura básica y a la arquitectura con elementos muy básicos. Y como no, también llegaron más reptiles supervivientes mayormente kingu que se unirían a los pocos que allí sobrevivieron las calamidades geológicas de la Tierra y entre todos intentarían mantener su forma de control de la misma manera a como lo habían hecho en el pasado.

Estas tribus de lirianos que venían desde el oeste habían logrado tomar tierra gracias a la ayuda de las mentoras lemurianas, como Brigit, Morrigu, Macha, Boann y Danu. Esta última era una mujer descendiente de los originarios fundadores de la colonia de Lemuria que había conseguido sobrevivir al desastre de Tiamat. Danu había llegado hasta Appalachia junto con otras mujeres lemurianas antes del conflicto para liberar a los esclavos atlantes oprimidos por los sauroides y que estaban confinados en ciudades subterráneas. Sus primeros contactos fueron con las mujeres lirianas atlantes entre las que se infiltraron y transmitieron todos sus conocimientos e hicieron expandir su consciencia y abrir los ojos de lo que estaba ocurriendo en la Atlántida.

El trabajo de los reptiles atlantes —entidades con baja espiritualidad, pero con una inteligencia abrumadora—, había sido portentoso, manipulando y controlando la mente de los lirianos sin que estos se percibieran de ello. Los lirianos eran esclavos sin saberlo y estaban convencidos de que su vida no podía ser de otra manera y se sentían felices de vivir así. Su futuro estaba ligado al capricho de unos dioses insertados en su psique que no eran otros que los mismos sauroides revestidos de un falso amor y de una falsa bondad.

Poco a poco el trabajo de Danu y las otras mujeres lemurianas fue calando y eliminando el velo que había mantenido desnudos de conocimiento a los lirianos atlantes. Y ahora el conocimiento básico para su liberación era pasado de las mujeres lirianas a los hombres y cuando todos iban poco a poco abriendo los ojos estalló la guerra y la Tierra convulsionó.    

Danu y el resto de las lemurianas mentoras sabían lo que había ocurrido con Tiamat y sabían también que sus escombros no tardarían en llegar a la Tierra, lo que provocaría un desastre de consecuencia inimaginables, por lo que ellas habían avisado con antelación a los lirianos que estaban bajo su supervisión para que construyeran navíos que pudieran albergar muchas personas y que pudieran soportar oleajes gigantescos. Las naves voladoras que poseían las lemurianas habían sido destruidas en el conflicto bélico con los sauroides y la única manera de salvarse de la inundación que iba a producirse era construyendo barcos con las características que ellas habían definido.

Aunque todo había quedado aparentemente arrasado, en las nuevas tierras a las que emigraron todas las tribus atlantes, se mantuvieron alerta y fuera de la vista de algunos reptiles que también habían sobrevivido y que insistían en su persecución y captura. De tanto en tanto había duros enfrentamientos entre los compañeros de las mentoras y los reptiles, mayormente kingu. Estos intentaron hacer uso de las masas de tierra que permanecieron por encima del nivel del agua. Intentaban vigilar aquellas tierras que, aunque destruidas por el desastre, querían convertirlas en su cuartel general, su nueva capital.

Intentaron repeler agresivamente a cualquier tribu o contingente liriano que intentara regresar y reasentarse en tierras que reclamaban por derecho o fuerza. La idea de los reptiles era rescatar todo lo que pudieran y continuar con el yugo sobre los esclavos. Trabajaron incansablemente para reconstruir las máquinas y dispositivos que un día les dieron su supremacía e involucrarían a sus esclavos para que también progresaran tecnológicamente. Sabían que pasarían siglos antes de que la civilización liriana superviviente avanzara lo suficiente como para que sus descendientes reconstruyeran la tecnología perdida durante la gran guerra entre las razas regresivas y las positivas.

Estas tribus de lirianos llegada a las nuevas tierras de la mano de las lemurianas eran las primeras generaciones en ver con sus propios ojos el aspecto real de los kingu. Fue tan grande el impacto que los consideraron seres sobrenaturales muy hostiles y de aspecto monstruoso que parecieran haber surgido de las entrañas de la Tierra o de las profundidades marinas. A los kingu los denominaron fomorianos ya que esta denominación significaba en lengua atlante “gigante salido del mar.”

En aquel tiempo, los lirianos despiertos de algunas tribus consideraron a Danu como una diosa salvadora y la agradecían todo lo que había hecho por ellos. Por esa razón a estos lirianos se les conocía en aquel tiempo con el nombre atlante de “Tuatha Dé Danann” o el pueblo de la diosa Danu. Había otras tribus, aunque tenían la misma consideración por Danu y el resto de las mentoras lemurianas, tomaron otros nombres como los partholanos y los nemedianos. Eran tres grandes tribus que comenzarían su nueva vida en Ériu y Al-ba.

Nuada, Partholan y Nemed, eran veteranos sabios pertenecientes a los consejos de ancianos de las tres tribus principales que trabajan codo a codo con las lemurianas, especialmente con Danu, para intentar salvar a los lirianos despiertos y llevarlos a buen puerto. Por su control mental sufrido en la época de la Atlántida y del que las lemurianas les habían liberado, tenían grabado en su mente la imagen de los dioses impuesta por los sauroides y por eso, veían a las lemurianas como diosas por sus portentosas habilidades físicas y cognitivas. 

Danu no se cansaba de recordarles a todos una y otra vez que ella o cualquier otra de la lemurianas no eran diosas y que eran lirianas, al fin y al cabo, como ellos. Insistía en que los dioses tal y como ellos los concebían no existían y que el concepto de dioses era un concepto elaborado por los propios reptiles para controlar al pueblo liriano de la Atlántida y hacerlos creer que eran débiles y que necesitaban la protección de poderosas entidades divinas externas a ellos. Poderosas entidades que en última instancia no los protegían, sino que eran tan regresivas y controladoras como sus propios creadores.

Danu les instaba a interiorizar que en todo caso ellos eran los verdaderos dioses; lirianos poderosos y creadores. Gracias a Danu, a otras lemurianas y a sus sucesoras, los lirianos habían recuperado durante esos años conocimientos muy avanzados que se habían ido pasando de unos a otros desde épocas muy remotas.

Habían creado escuelas de pensamientos donde unos instructores, mayormente mujeres, llamados druidas —personas sabias o guías instruidas, a su vez, por las antiguas lemurianas, guardianas del conocimiento sagrado, de la ciencia y la genética, con las que poder hablar para recibir consejos y que tenían una fuerte conexión con la naturaleza—, entregaban esos conocimientos que versaban en geometría sagrada, astronomía, medicina, herbolaria, historia, tecnología y también de conceptos muy avanzados de metafísica y de conexión entre el mundo material y el mundo espiritual.

Todo este conocimiento adquirido les había abierto los ojos a la realidad que había sido insertada en sus mentes durante su estancia en la Atlántida antes de ser destruida por la guerra. Ahora tenían muy claro lo que había ocurrido en la Atlántida y en Lemuria y juraron que jamás les volvería a pasar.

Mientras todo eso sucedía los lirianos que abandonaron Ériu y Al-ba pensando que aquellas tierras se destruirían con la catástrofe, llegaron hasta Aere. Durante la época de máximo esplendor culturar y tecnológico de la Atlántida y Lemuria, la pequeña colonia atlante de Aere había logrado cierta independencia del poder de la capital Atlante y del control reptil. Allí vivía un grupo reducido de atlantes muy avanzados en todas las ramas del saber gracias a los conocimientos adquiridos por los tesoros guardados en la semidestruida base subterránea lemuriana.

Desgraciadamente, el cataclismo había provocado el éxodo de la población de lirianos y reptiles y lo que todavía permanecía en pie de la estación de paso había quedado seriamente dañado con el agua que entró en ella durante la gran inundación. Las tribus de Ériu y Al-ba y las que venían de otros lugares vieron que Aere no se había librado y había sufrido también las consecuencias de la conflagración cósmica y que la colonia atlante había sido arrasada.

Aere había quedado una parte anegada, una esfinge destruida por un asteroide y la otra muy erosionada por el agua y la estación de paso taygeteana inundada e inutilizada. Pero el dantesco panorama nos les echó para atrás y comenzaron a recomponerse como pudieron, ya que las desgracias provenientes del cielo aparentemente habían cesado. Con el espíritu de volver a recuperar la grandeza de Aere, empezaron a reconstruir la colonia y darle un nuevo aspecto. 

Se dieron cuenta de que la vida allí podría florecer otra vez gracias al rio que pasaba junto a la colonia. Este rio depositaba cada año limo o lodos de un color oscuro casi negro tras sus crecidas anuales haciendo muy fértiles los terrenos donde se depositaban dichos lodos. Aere formaba parte del pasado así que decidieron cambiarle el nombre. El propio rio los ayudó a darle un nuevo nombre a la colonia y a partir de ese momento llamarla Keh-met que significaba en atlante “Fértil barro del rio que prolonga la vida.”

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Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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