Durante la revisión y edición del capítulo 107 —La caída de la urbs regia—, la editorial consideró que los párrafos expuestos a continuación eran irrelevantes y con una carga sexual bastante incómoda y hasta bochornosa para el lector. Finalmente, la editorial convenció al autor para descartar dichos párrafos y así se hizo.
Aquí los teneis…
“…Umm Hakim yacía a la derecha del guerrero y le acariciaba su pecho desnudo suave y lentamente y Florinda, a la izquierda, se encontraba ligeramente incorporada sobre la cama del general para poder besarle dócilmente en el mentón. La fascinación del bereber parecía ser irreal, pero él estaba disfrutando de los deleites que ambas mujeres le proporcionaban. De momento él se dejaba hacer. Las caricias de Umm comenzaban a cubrir más partes del cuerpo del hombre y Florinda ya besaba sus labios con fruición. La excitación de Tãriq se incrementaba poco a poco y su respiración comenzaba a entrecortarse. Cuando Umm llegó hasta su sexo, éste ya estaba duro como la punta de una lanza masmuda. Lo agarró suavemente y empezó a frotarlo con frugalidad. Las manos del guerrero ya no pudieron estarse quietas por más tiempo y comenzaron a acariciar las bellas y redondeadas nalgas de Florinda y la sedosa espalda de Umm.
En un momento dado, los labios de Umm se acercaron hasta el miembro del general y con su lengua humedeció la punta dura y carnosa de su pene consiguiendo que el hombre casi desfalleciera de placer. Después lo introdujo en su boca y comenzó a succionarlo despacio haciendo que el Tãriq tuviera que agarrarse fuerte a las sábanas como si de un momento a otro fuera a volar. Florinda pasó también a la acción. Abandonó los besos que le propinada al general para unirse a Umm más abajo del ombligo de éste. Ahora ambas lamian su sexo y se lo chupaban apasionadamente intercambiándose en la ardiente tarea.
En la posición en las que las dos mujeres se encontraban Tãriq pudo alcanzar fácilmente el sexo de las dos y comenzó a acariciárselos. Poco a poco notaba como se humedecían con el frotar de sus poderosos dedos. Tãriq se imaginaba que aquellas vaginas le exigían que entrara en ellas sin dilación. Ahora los tres gemían de placer al unísono. Un instante después, Tãriq se incorporó y tumbó boca arriba a las dos obedientes mujeres y se puso a la altura de sus vulvas. Las dos flexionaron sus rodillas y abrieron ligeramente las piernas ofreciendo su sexo al ávido bereber. La visión de aquellas dos hermosas aberturas volvió loco al general que ansioso, comenzó a lamerlas, primero una y después la otra. Pasaba de una a la otra muy lentamente y hacía que las dos mujeres se contorsionaran de puro gozo. Tras unos minutos así, Florinda, al borde de la locura, le exigió al general que la penetrara con su dura verga y que no se hiciera de rogar. Umm Hakim le reclamó lo mismo. Tareas más duras y peligrosas habían sido realizadas por el general tiempo atrás, así que, presto y vigoroso, Tãriq comenzó a hacer su trabajo; primero penetraba a una y luego a la otra y así reiteradamente. Minutos después, el general apartó a las dos mujeres y se tumbó boca arriba en medio de las dos con su miembro húmedo, erecto y a punto de explotar. Cogió a Florinda de la cadera y la subió encima de él. Florinda cabalgaba desfrenadamente sobre el miembro duro del general mientras Umm Hakim acariciaba los pechos de Florinda. A su vez Tãriq, logró posicionar su mano derecha sobre la vagina de Hakim y la frotaba suavemente otra vez. Un rato después, las mujeres intercambiaron su posición y fue Hakim la que empezó a montar a Tãriq. Intentando retrasar el momento de la llegada del placer máximo, Tãriq, de pie junto al lecho, obligó a las dos mujeres a ponerse a cuatro patas al borde del tálamo con sus nalgas frente a él. Agarró el culo de Florinda y se lo acercó hasta su verga. En un abrir y cerrar de ojos, éste se situó con precisión a las puertas de su vagina y empezó a penetrarla con frenesí. Tras unos segundos, hizo lo mismo con Hakim. Así estuvo un buen rato hasta que pareció que el guerrero bereber llegaba al éxtasis. En ese instante, alguien zarandeó al general con fuerza y lo despertó.”

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