Episodio 25: Los pactos del cabal.

Los pactos del cabal

«Nunca debe olvidarse que el poder
del sacerdote descansa únicamente
en la credibilidad del pueblo. La gente
clama por un salvador, por la certeza del cielo,
por una exención de los terrores del infierno.
Por lo tanto, el sacerdocio no puede prescindir
del infierno ni del purgatorio. Quita ambos
o uno solo, y su poder desaparecerá.»

M. F. Cusack.
El Papa Negro: Una Historia de los Jesuitas.

Éxodo hacia Ériu, la Tierra del Destino.
Hace 6.600 años.

Aunque el proyecto de Akhenatón, sacerdote mayor de la antediluviana Corte del Dragón, de imponer a Atón como única deidad sobre los lirianos de Keh-met había representado un aparente nuevo fracaso para el Consejo de Sirio y la corporación regresiva con control en Saturno, los reptiles controladores se habían dado cuenta que Nefertiti y Meritaten y su esposo Mil, hijo de Ith y nieto del rey Breogan, habían jugado un papel importante en fortalecer la implantación del culto a Atón que llevaba unas cuantas dinastías en marcha.

A pesar de que Nefertiti y Mil no habían sido manipulados ni genética ni mentalmente, la princesa Meritaten tenía genética reptil heredada de su padre y era la clara sucesora de Akhenatón con una personalidad mucho más narcisista y psicópata que su antecesor, lo que hacía de ella la candidata ideal para seguir como sacerdotisa mayor de la Corte del Dragón que no era otra cosa que el mismo Consejo de Sirio.

Independientemente de su genética, lo que tenían estos tres lirianos en especial era una ambición desmedida por el poder y por las riquezas y una forma de gobernar muy carismática y despótica que ayudaba a poder ejercer un control mental mucho más férreo sobre la población. Los sauroides habían descubierto que, si a ciertos lirianos los seducían con poder, riquezas, inmortalidad y placeres mundanos, podrían tener un ejército de Nefertitis, Meritatens y Mils con los que controlar a los pueblos de la Tierra.

Ahora más que nunca, era necesario crear una red global clientelar de testaferros y títeres lirianos o de otra morfología, tanto física como energética, que colaboraran con las entidades regresivas de manera obediente y sin que hicieran preguntas. A estos embajadores de la Corte de Dragón se les otorgaría un supuesto poder terrenal inimaginable para que pudiera hacer y deshacer a su antojo. Hasta ahora lo habían hecho a pequeña escala, pero era hora de ampliar el programa.

Nefertiti había muerto en extrañas circunstancias poco antes de que Akhenatón fuera expulsado de Keh-met, aunque en la corte se había dicho que fue por culpa de unas plagas que habían asolado aquellas tierras. Las garras sauroides parecían estar detrás de todas estas plagas que habían pergeñado para eliminar a la población y generar loosh abundantemente. Pero de nuevo, se les escapó de las manos y uno de sus mejores esbirros había sido eliminado del plan. Mientras tanto, el derrocado rey Akhenatón, su exaltada hija Meritaten, su yerno Mil y sus acérrimos lirianos seguidores atonistas, seguían un camino hacia el desierto tras haber sido expulsados de Keh-met y habérseles prohibido asentarse ni el norte ni en el sur.

Como Hor-Aha y otros reyes después de él, Akhenatón y su familia real tenían la intención de llegar hasta Ériu, la tierra de sus antepasados, aunque no era para que fueran bien acogidos allí y pudieran establecerse, vivir y desarrollarse en paz. Esa habría sido la gran ilusión de Nefertiti, que era descendiente directa de los primeros druidas que en tiempos remotos había llevado el culto solar a Keh-met. La idea y la misión de Akhenatón era otra.

En su deambular hacia el noroeste, tratando de evitar los asentamientos y ciudades importantes del Bajo Keh-met situadas en el delta del río de los lodos negros, habían llegado a la línea de costa que daba al mar por donde muchos pueblos, como los fenicios, habían hecho presencia con sus naves para instalarse en Keh-met.

Una noche en pleno desierto, ya lejos del delta y cuando todos descansaban, Akhenatón tuvo un extraño sueño o eso creyó él. En el sueño se le encomendaba llegar hasta una pequeña playa cerca de su campamento para encontrarse con una lanzadera procedente de una nave nodriza situada en una órbita terrestre de la raza draco que sortearía aparentemente todos los controles impuestos por la Alianza Galáctica y llegaría hasta la Tierra. Los tripulantes de esta nave le ofrecerían un pacto y le darían instrucciones que debería de seguir al pie de la letra a cambio de ciertas prebendas.

De repente, Akhenatón se despertó y fue a llamar a Meritaten y Mil para que le acompañaran a la playa esa misma noche. Nadie más podía ir con ellos. La playa estaba situada tras un montículo que impedía la vista del mar desde el campamento. Cuando llegaron hasta allí no vieron nada hasta que, transcurrido un breve lapso, una luces refulgentes y silenciosas salieron del mar y se dirigieron hasta donde estaban los tres figuras lirianas.

Cuando estaban a unos metros de la playa, los tres atonistas observaron con atención que se trataba de tres naves voladoras con extrañas formas, pero muy similares a aquellas que apoyaron la sublevación de Semenejkara y que terminaron por echarlos de Keh-met. Tras un instante, y con una luz cegadora, una de las naves, utilizando navegación antigravitatoria, se posó silenciosamente sobre la arena de la playa. De ella se bajó un enorme y aterrador draco con alas desplegadas a sus espaldas y se dirigió a los presentes de manera telepática.

—Bienvenidos Akhenatón, primer profeta de Atón, Meritaten, amada de Atón y Mil, hijo de Ith —sonó una voz cavernosa en las mentes de los asistentes.

—¿Quién eres y qué deseas de nosotros? —preguntó un atónito Akhenatón cegado por la intensa luz que salía de las escotillas de las lanzaderas.

Tal era la intensidad de la luz que salían de las naves que los tres atonistas no eran capaces de vislumbrar las caras de sus interlocutores extraterrestres. Solo alcanzaban a ver, a duras penas, la sombra que proyectaban sus cuerpos, pero no sus rostros.

—Soy Atón, tu Señor —respondió magnánimamente el draco, escoltado por varios reptiles de bajo rango y algunos grises altos—. Soy tu dios. Vengo en representación del Consejo de Sirio y de la corporación reptil con morada en el planeta de Saturno, el sol negro, el sol que tu adoras. Escúchame bien. Solo a mi tienes que rendir culto y a ningún otro dios, como has hecho hasta ahora. Y tú y tus descendientes sois los elegidos para realizar la tarea que ahora se os encomendará. Tu eres mi único representante en la Tierra y, como tal, tienes que seguir haciendo el trabajo que se te confió en Keh-met.

—No tuve mucho éxito —se mostró desolado el destronado rey—. Me dejasteis solo frente a los ejércitos estelares de ese traidor de Semenejkara.

—No te hemos dejado solo —aseguró con rotundidad el reptil—. De hecho, es lo contrario, y la prueba palpable de ello es este encuentro. No importa lo que ocurriera en Keh-met. El trabajo que hiciste era el que necesitábamos que hicieras. Estoy contento contigo y te conozco por tu nombre y tus acciones. El experimento que fracasó una vez podría tener éxito de nuevo si engendramos artificialmente las circunstancias adecuadas.

—Tus palabras me reconfortan —dijo un aparentemente aliviado Akhenatón—, pero mi amada esposa Nefertiti murió. Para mí, la misión que me encomendaste fue fallida.

—Tu amada esposa había cumplido con su misión. Ya no era necesaria para este proyecto.

—¿Qué clase de dios sois para aniquilar a vuestros seguidores?

—Tendré misericordia de quien yo quiera y tendré compasión de quien yo quiera —dijo el draco—. Nefertiti era descendiente de remotos clanes de druidas de occidente, seguidores de Amón. Aunque dio muestras suficientes de haber cambiado su adoración por Atón, no podíamos arriesgarnos a que cambiara otra vez de parecer. La plaga que enviamos sobre Keh-met no hizo distinciones.

—El mensaje está claro Atón —asintió Akhenatón—. Mi descendencia y yo somos tus intermediarios en la Tierra y llevaremos tu culto a todos los rincones.

—A partir de ahora me llamaréis Yahvé y Yahvé es el nombre del dios que obedeceréis y adoraréis y es el nombre que haréis saber a todos vuestros seguidores.

—¡Oh, Yahvé!, en tus manos encomendamos nuestro espíritu.

—¡Dejaos de aspavientos religiosos cuando habléis conmigo! Eso solo lo harán los seguidores ignorantes, timoratos, piadosos y devotos.

—¡Así se hará! —sancionó Akhenatón sintiéndose cegado por las potentes luces de las naves— ¿Por qué no me mostráis vuestro rostro?

—No vais a poder ver mi cara ni conocer mi verdadera esencia porque ningún liriano puede ver mi cara y seguir con vida.

—Está bien. Llegados hasta aquí, ¿qué deseáis de nosotros? —preguntó de nuevo Akhenatón— Porque si en verdad estáis contento conmigo, enseñadnos los planes que hemos de ejecutar para así seguir siendo de tu agrado.

—Como intermediario de dios en la Tierra, sí, tenemos grandes planes para ti y tu descendencia. Has de hacer todo lo que te ordenemos y a cambio te recompensaremos con poder y riqueza. Acordaremos un pacto, que no deberéis romper. Y si lo hiciereis, caerían sobre tu cabeza y la de tu descendencia todo el poder de Yahvé y seríais aniquilados. Si lo mantenéis, tu y tus descendientes tendréis la protección de Yahvé.

—¿Cuál son los términos de ese pacto?

—Los términos del pacto se llevarán a cabo a largo plazo y se irán revisando según progrese la civilización y vayan consiguiéndose avances tecnológicos impensables hasta ahora que ayuden a mejorar el rendimiento del pacto. Debéis tener en mente los objetivos del pacto y estos son secretos. Jamás serán desvelados, so pena de muerte.

—¿Cuáles son esos objetivos? —preguntó retóricamente Akhenatón con la seguridad de que ya los conocía.

—Los objetivos principales del pacto son los mismos que siempre buscamos desde la época de la Atlántida y que fueron desbaratados por la intervención inoportuna de las corrosivas lemurianas. La venganza por lo que ocurrió en la Atlántida es lo que nos mueve a perseguir con más ahínco estos objetivos. Estos son el control total de la Tierra y del sistema solar sol 13 por parte de las razas regresivas reptiles y otras entidades afines que forman el Consejo de Sirio y que están organizadas según la corporación reptil. Esclavización y uso de los lirianos para convertirlos en ganado para su explotación energética y física. Y, por último, adaptación de las frecuencias vibracionales de la Tierra para su posterior terraformación y dar cabida a nuestras razas reptiles para que habiten allí, tanto en superficie como en el interior de la Tierra. Hemos visto que el control de la matrix lunar no es suficiente.

—¿En qué posición quedamos nosotros y qué ocurrirá si interviene la Alianza Galáctica?

—Obviamente, aquí se os excluyen a ti y a tu descendencia y a toda la jerarquía de lirianos que trabajen para este proyecto. En cuanto a la Alianza Galáctica, no será un problema. Ya nos ocupamos nosotros desde Saturno.

—¿Cuáles son nuestras obligaciones en este pacto? —quiso saber el derrocado rey.

—La lista es larga y también es secreta, así que, toma buena nota. Glorificaréis el mal en sistemas que presumen de hacer el bien. Desconectaréis de los lirianos la Fuente original creando distracción materialista, determinista y reduccionista en la que deberán enfocarse. Eliminaréis otros cultos y creencias que permitan elevar la frecuencia del planeta y de los habitantes de este. Destruiréis el culto a Amón y todo lo que representa. Para ello uno de los más importantes pasos es invadir Ériu que es la tierra donde nace el culto solar a Amón-Ra y que es de donde vinieron vuestros ancestros y hacia donde os dirigís ahora mismo siguiendo vuestra intuición. Allí os asentaréis, crearéis vuestros dominios y tomaréis el control para establecer nuevos imperios en nombre de Atón, señor de la luz. Yahvé se convertirá en la deidad más formidable y poderosa evitando que los lirianos vuelvan a caer en el politeísmo. Aplicaréis el uso del control mental para suprimir el ADN liriano, porque si no lo hacéis se corre el riesgo de que despierten espiritualmente y se active todo su ADN de 12 hebras y 24 cromosomas y la conexión con la Fuente sea completa. Esto serían nuestro fin.

—Necesitaremos entonces que nos apoyéis con vuestra poderosa tecnología —exigió Akhenaton.

—No podemos intervenir directamente. El mero hecho de estar aquí ya es un problema para nosotros. Aunque la Alianza está bajo nuestro control, hay otras razas que no están bajo la supervisión de la Alianza, como los incisivos Karistus, y podrían interferir nuestra obra. Por esa razón tenéis que hacer vosotros el trabajo. Meritaten, Mil y su ejército harán el trabajo. Haremos que se os unas más seguidores en el camino hacia Ériu.

—Pero, no podremos hacer eso —se quejó el rey.

—A estas alturas ya no podréis echaros para atrás y no aceptar el pacto, so pena de muerte —amenazó el representante del Consejo de Sirio—. Lo haréis y los haréis muy bien. Y una última cosa; Nos alimentaréis de la energía loosh creada por los lirianos. Su poder de manifestación es ilimitado, así que tendréis que crear caos, confusión, dolor, sufrimiento, terror, desesperanza, desconsuelo, ira, violencia, odio. Todo lo negativo. Para ello tendréis que ofrecernos sacrificios de todo tipo que podrán ser disfrazados por las guerras que nosotros crearemos, matanzas y genocidios. Enfrentaremos y dividiremos a los lirianos para lo cual crearemos religiones antagonistas como las del culto a Atón y el culto a Amón. Crearemos facciones enfrentadas con visión diferentes en la política.

—¿Con qué herramientas generaremos todo eso?

—Se crearán reinados —contestó Atón—. La monarquía será la cosa más suprema sobre la tierra, porque los reyes no sólo serán lugartenientes de Dios en la tierra, y se sentarán en el trono de Dios, sino que incluso serán también llamados dioses. Se crearán corporaciones, organizaciones y sociedades secretas poderosas que controlarán y se infiltrarán en todos los estamentos de la sociedad según se vaya desarrollando. Ahí estaréis vosotros y vuestros descendientes y títeres afines. Estas sociedades se revestirán de un halo de bondad y su acto de ser modelos de la razón y paladines de la reforma social engañará a millones de lirianos de todos los ámbitos de la vida.

—¿Y para los seguidores y aquellos que no formen partes de estas organizaciones?

—Para el resto de lirianos ignorantes, timoratos, piadosos y devotos, desconocedores de todo esto, se les desplegará los mandamientos de Yahvé que serán públicos y servirán como la primera fase de la creación de una religión con fines de controlar a la población: Yahvé tiene morfología liriana. Nunca deberá desvelarse su verdadera fisionomía. Hay que tener fe en Yahvé. La palabra de Yahvé es la única que hay que seguir. Si no siguen los mandatos, sus consciencias irán al infierno, lugar imaginario de sufrimiento eterno creado por nosotros. No tendrán dioses ajenos delante de Yahvé. No se harán imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No se inclinarán ante ninguna imagen, ni las honrarán; porque yo soy Yahvé su Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarán el nombre de Yahvé su Dios en vano; porque no dará por inocente Yahvé al que tomare su nombre en vano. Honrarán a su padre y a su madre, para que sus días se alarguen en la tierra que Yahvé su Dios les da.

—Y, por último, generaremos terror y mucho loosh si no se cumplen los siguientes mandatos: No matarán. No cometerán adulterio. No hurtarán. No dirán falso testimonio contra su prójimo. No codiciarán la casa de su prójimo. No codiciarán la mujer de su prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de su prójimo.

—La lista parece estar completa. ¿Qué recibiremos a cambio de aplicar todo esto?

—La contraprestación por la consecución de todo esto será: Seréis el pueblo elegido de las entidades regresivas. Se os protegerá y concederá poder, riquezas y longevidad. Para ello se creará una supra institución invisible llamada Cabal a nivel global que gobierne la Tierra de manera secreta y que tendrá contacto directo y cumplirá las órdenes dadas por el control de Saturno y sus representantes, ya sean del Consejo de Sirio, la Corporación reptil, la Corte del Dragón o de la misma Alianza Galáctica. Esta institución controlará a su vez lo que se había mencionado antes: monarquías, corporaciones, organizaciones y sociedades secretas poderosas. Seréis la cabeza del Cabal en la Tierra. Se os concederá todo el poder y las riquezas necesarias para acometer vuestra misión y mantener el pacto. Se crearán tantas sociedades secretas como sean necesarias y cuando sean necesarias que dependan del Cabal para controlar a los lirianos y llevar la palabra de Yahvé a todos los rincones del a Tierra. Dichas sociedades secretas se encargarán de realizar sacrificios tanto de animales como de lirianos para satisfacer a sus deidades. Los sacerdotes de las religiones creadas para control mental de los lirianos dependerán del Cabal y serán parte de él. ¿Aceptáis el pacto?

—¿Tenemos otra alternativa? —preguntó Akhenatón abrumado con las obligaciones del pacto y las prebendas.

—Ya no —cerró el draco cualquier camino para negarse a cumplir el pacto—. Se os ha desvelado demasiada información secreta. Si lo aceptéis se os exigirá lealtad y obediencia y si no, ya sabéis lo que os espera.

—¡Aceptamos! —dijeron todos al unísono.

Cuando el impresionante draco revestido de un benevolente y equitativo dios llamado Yahvé hizo entrega del pacto y todos estuvieron de acuerdo en cumplirlo punto por punto, el vil reptil y su comitiva volvieron a sus naves y desaparecieron de la vista de todos. Akhenatón, la princesa Meritaten y Mil, volvieron al campamento con un pacto secreto entre las manos y unas las tablas de la ley para los gentiles que debían de cumplir inexcusablemente. Estaba a punto de amanecer y Akhenatón debía mover a sus seguidores y transmitirles sus nuevas obligaciones.

Cuando todos los seguidores atonistas estuvieron despiertos y preparados para escuchar a su rey, este les dijo:

—Me he reunido con el dios Atón y me ha hablado. Me dijo que Yahvé, el Dios de vuestros antepasados, me ha enviado a vosotros. Yahvé es su nombre eterno, el nombre que debéis recordar por todas las generaciones. También me dijo que yo y el pueblo que saqué de Keh-met deben de marcharse de aquí e ir a Ériu, la tierra de nuestros antepasados y que serán las tierras también de nuestros descendientes. Yahvé sacará de allí a todos los adoradores del culto solar falso.

A las pocas jornadas de abandonar el lugar del encuentro divino, Akhenatón murió. No sin antes legar todos sus compromisos a su hija Meritaten que estuvo encantada de aceptar el reto. Meritaten la amada de Atón. Akhenatón era demasiado mayor y no aguantó tanta excitación divina o quizás la corporación reptil prescindió de él como lo hizo con Nefertiti. Ahora la corporación había encomendado la misión a Meritaten y su esposo que con su juventud llegarían más lejos y se comprometerían a mucho más. El Cabal terrestre acaba de empezar su andadura con un pacto vinculante e indefinido y al frente de él la mujer más poderosa de la Tierra: Meritaten.

Siguiendo las orillas del mar hacia el oeste, Meritaten, a la que llamaban Scota, dirigió sus pasos hacia Ériu junto a Mil y su ejército milesiano de seguidores atonistas dispuestos a cumplir las tablas de la ley de Atón-Yahvé, e imponer la nueva religión en todo el mundo, eliminando todo vestigio de cualquier veneración y adoración a Amón-Ra. Sabían que Ériu era la cuna de Keh-met y de una nueva civilización después de la catástrofe de Tiamat y la desaparición de la Lemuria y la Atlántida. Había llegado la hora de cumplir la venganza que hicieron cuando fueron expulsados de Keh-met.

Ellos eran descendientes de aquellos que sobrevivieron y que habían llevado el culto solar hasta muchos rincones del mundo y llegado a Keh-met donde encontraría su máxima expresión a pesar de que las razas extraterrestres que había habitado y ayudado al desarrollo de la civilización de Keh-met no estuvieran muy de acuerdo con adorar a nadie y menos ceder su poder. Pero el culto amonista era un culto realmente por la adoración de la naturaleza y no por una deidad personal. Así que lo dejaron estar y vivieron con ello.

Pero había llegado el momento de eliminar cualquier rastro del antiguo culto y borrar los restos para imponer las nuevas creencias. Así que Meritaten tenía muy claro que es lo que haría en cuanto llegara a Ériu y las tierras altas de Al-ba: persecución y erradicación de lugares de culto, dioses, diosas, sacerdotes, sacerdotisas, druidas, bardos, y para eso Mil y sus seguidores serían pieza clave.

Meritaten y las huestes atonistas de Mil llegaron hasta el sur de la península ibérica y ascendieron hasta el extremo noroeste donde Breogan había vivido un tiempo. Era el camino que Mil muy bien conocía de antaño y que llevaba hasta las costas de Ériu, “La Tierra del Destino.” Durante el viaje, Scota dio a luz a los dos primeros hijos de Mil, Ir y Colpa, que serían los que heredarían el pacto hecho con Atón.

Cuando ella y sus atonistas llegaron a Ériu tuvieron que hacer frente a las poderosas y endiosadas tribus de los Tuatha Dé Danann, seguidores del culto solar ancestral y sucesores de los parientes de los remotos y poderosos Shemsu Hor, a los que terminaron derrotando. Meritaten se opuso a las formas indígenas de culto practicadas allí y especialmente el druidismo. Éste había existido en Ériu desde los primeros tiempos y era un remanente de la teología prediluviana que se basaba en la observancia de los astros y veneración del zodíaco siendo, desde su inicio, un culto estelar.

La obsesión y la tiranía de Meritaten fueron la razón de la supresión de la adoración del culto solar. Meritaten se había convertido en una extremista intolerante a la disidencia y tenía una profunda antipatía hacia cualquier otro tipo de adoración que no fuera la prescrita por su padre. Sus discípulos continuaron fielmente a lo largo de los años persiguiendo a aquellos a quienes ella reprendía y condenaba.

Los milesianos terminaron por implantarse en Ériu y se dedicaron a conquistar a los druidas y erradicar sus caminos. Desataron tanto caos en Ériu como Akhenatón en Keh-met. Finalmente, Meritaten murió, pero su legado pasó a su descendencia que continuó cumpliendo con los pactos que aceptaron de la Corporación reptil. Meritaten fue enterrada en el norte de Ériu, donde había vivido los últimos años. El terrible proceso de destrucción del druidismo y cualquier otra creencia diferente al atonismo tardó al menos mil años en lograrse.

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Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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