
La conspiración del mal
«El rey Menes fue el primer faraón de la
primera dinastía oficial egipcia. Fundador de la
gran ciudad de Menfis, Menes está enterrado en el
condado de Tyrone, Irlanda del Norte.
También conocido como Aha Men,
y Hor Aha («Halcón luchador»), Menes fue probablemente
un miembro prestigioso de la primera civilización
de Egipto, cuyos restos fueron descubiertos
por el profesor Walter Emery, y cuyos antepasados
fueron los ‘Tamhou’ o ‘Discípulos de Horus’.»
Michael Tsarion.
Los orígenes irlandeses de la civilización. Vol. 1.
Fundación del estado de Keh-met y primera dinastía.
Hace 9.550 años, marco temporal terrestre.
Con el abandono de la Tierra y del sistema solar por parte de la Alianza y las razas miembro, se daba por finalizado el capítulo de la intervención quirúrgica anti reptil y el saneamiento de la vibración existencial de las consciencias contenidas en el sistema solar Sol 13. En muchas otras líneas de tiempo los resultados habían sido parecidos y en todas, la Alianza terminaba por irse del sistema solar.
Por supuesto, karistus hacia su propia lectura de las acciones de la Alianza llevadas a cabo antes de abandonar la Tierra y llevar su negocio a otro lugar de la galaxia: “la intervención quirúrgica solo había servido para extirpar la expansión de consciencia liriana y el saneamiento solo se había aplicado para adaptar la vibración existencial de Sol 13, y particularmente la Tierra, a las frecuencias bajas de las entidades regresivas que progresivamente iban recuperando el control.
Por tanto, la magnánima, benevolente y espiritual Alianza Galáctica y sus razas integrantes no volverían a aparecer por la Tierra nunca más. Según la filosofía de la Alianza, los lirianos terrestres debían evolucionar sin ayuda aparente de razas extraterrestres. Así que los lirianos se habían quedado solos con sus dioses a los que veneraban en su nueva religión y para la que, paulatinamente, se había creado una casta sacerdotal desde los consejos locales, esencialmente formada por los herederos de los Shemsu Hor o discípulos de Horus, que deseaba mantener la espiritualidad y la sabiduría que había sido transmitida por esos dioses antiguos y por sus antepasados remotos.
Todos juntos construirían los cimientos de una nueva civilización poderosa que no se dejaría dominar nunca más por los reptiles que seguían con su intención de esclavizar a los lirianos de la Tierra. Para los regresivos, Keh-met era la nueva Lemuria y eso no lo iban a permitir. No querían mostrarse físicamente, pero se convertirían en los dueños de la Tierra y tendrían un ejército de sirvientes lirianos que harían el trabajo sucio por ellos. Tenían todo el tiempo del mundo, así que poco a poco irían parasitando a ciertos personajes y creando su equipo de esbirros.
Mientras tanto, los discípulos de Horus se habían erigido los custodios de las buenas costumbres espirituales, del culto de las deidades que tanto representaban para ellos y sobre todo de la adoración solar representada por Amón-Ra, Horus, que era su principal dios y que había sido traído desde Ériu por sus antepasados, los antiguos druidas y los tuatha de danann.
Los Shemsu Hor serían los nuevos druidas del lugar. Gradualmente, la próspera, rica, espiritual y avanzada sociedad de Keh-met fue transformándose, sin que nadie se apercibiera de ello, desde una sociedad holística tutelada por consejos multinivel a una sociedad politeísta jerarquizada y gobernada por los diferentes dioses a través de sus testaferros los sacerdotes y líderes espirituales.
Los lirianos se quedaron sin sus mentores de antaño, aunque siguieron teniendo el apoyo de los que decidieron no abandonar la Tierra y seguir una vida normal junto a la población autóctona. Aunque la vibración en Keh-met era alta, la matrix lunar terminó por afectar gravemente a los extraterrestres que vivían allí y muchos de ellos murieron con el paso del tiempo y fueron enterrados con honores en aquellas tierras. Ahora les correspondía a los lirianos hacer el trabajo a ellos solos sin apoyo de nadie, tan solo de sus nuevos guías espirituales y sociales.
Y en apariencia también las entidades regresivas reptilianas se quedaron solas en la Tierra. El intento de destruir Keh-met había fallado y había sido un duro golpe para la corporación regresiva, a pesar de las bajas por ambos lados. Sin embargo, la derrota solo había sido una oportunidad, un acicate para regresar al poder que desde hacía milenios habían detentado los regresivos y que tras la catástrofe de Tiamat habían perdido.
A pesar de que dicha catástrofe había sido ideada para establecer un poder absoluto de la corporación sobre las razas lirianas, la acción se les fue de las manos y los sauroides regresaron también a la era de las cavernas. Sin embargo, no tenían la intención de cruzarse de brazos y esperar a que las sociedades que tenían un alto grado de avance metafísico y espiritual acabaran con ellos. Así pues, debían organizarse y contrarrestar cualquier vestigio de densidad 5D que la matrix lunar no destruyera o minimizara.
Habían aprendido de los errores y también tomado buena nota de lo que funcionaba bien y de lo que no. Estaban trabajando en otra forma de recuperar el poder y de mantenerlo en las sombras sin que nadie supiera que estaban ellos detrás de todo lo que sucediera a partir de ese momento. Estaban ideando nuevas maneras de esclavizar de nuevo a los lirianos y extraerles el loosh para alimentarse sin que estos percibieran la recolección de su energía.
Había pues que organizarse. La corporación regresiva debía de constituirse de otra manera y había que definir una nueva jerarquía que controlara las acciones de la corporación de manera más eficaz. El Consejo de Orión ya no valía para dar suporte a las acciones de draco, usungal, naga y demás razas no sauroides. Además, la hegemonía reptil de la Atlántida se había perdido con la destrucción de Tiamat y las convulsiones geológicas en la Tierra. La guerra contra los disidentes lemurianos y el consiguiente cataclismo de Tiamat, solo habían servido para evidenciar que los lirianos estaban muy despiertos y las tácticas regresivas de control mental y genético habían sido inoperativas finalmente.
El Consejo de Orión también mostró ser muy ineficaz, principalmente por el hecho de que los gigantescos Alfa Draco eran ya tremendamente espirituales, habitaban en otros reinos existenciales y rechazaban de plano el proceder de las razas sauroides de densidad existencial mucho más baja y que incluso estaban en contra de ellas. Los Alfa Draco no estaban dentro de la Alianza, pero colaboraban con ella para reformar espiritualmente a los reptiles regresivos apresados por las razas miembro.
Había por tanto que desvincularse completamente del Consejo de Orión y unir fuerzas con el Consejo de Sirio, que se había mantenido al margen de las actuaciones de dracos, usungal y naga y en el que coexistían razas reptilianas más agresivas que los endebles Alfa Draco y con las que se podía contar para dar apoyo a las aspiraciones expansionistas y controladoras de los sauroides de las constelaciones de Orión y Draconis.
La nueva jerarquía de la corporación se establecería con las diferentes razas y entidades. La raza draco, la más dominante e imponente, estaría arriba de la pirámide de poder. Habría pequeños contingentes en la Tierra ocultos en cavernas para el control más directo de las acciones regresivas terrestres. Luego, en niveles inferiores estarían las razas naga y usungal, y debajo de éstas, los kingu terrestre muchos más numerosos. Aun así, todas estas razas se dividirían en tres grandes clanes: Vlash, Vlak y Bril. Más abajo, estarían las razas humanomorfas no reptilianas malakak o altos blancos y la raza orange, que habían estado ausentes durante milenios y ahora aparecían de nuevo para sacar tajada de los lirianos.
A un nivel inferior se les había unido los ladinos maitré que también tenían intereses en establecerse en la Tierra y obtener rédito de los lirianos y que en cierto modo eran subordinados a los dracos. Maitré actuarían físicamente en la Tierra en nombre de los draco, pero sin dejarse ver.
Finalmente, también dentro de la corporación, estarían las entidades negativas de todo tipo del bajo astral que siempre habían colaborado por y para los dracos que acostumbran a pasar más de media vida en el astral. A todas estas razas y entidades también se les sumaría las semillas estelares oscuras procedentes de almas draconianas reencarnadas en biotrajes lirianos cuyo papel sería de vital importancia en un futuro muy cercano.
Y la construcción de la nueva estructura del poder regresivo era la razón fundamental de la ubicación de un enorme crucero andromedano en los anillos de Saturno. Había sido estacionado allí para crear una distracción para los karistus mientras el mal se organizaba en la Tierra y encubrían y justificaban el tráfico estelar de naves reptiles que pretendían crear una base oculta permanente en Saturno.
Esta base daría cobijo a infinidad de efectivos draco, naga, malakak, orange y maitré que se escondían tras los anillos de Saturno haciendo preparativos para terminar de retomar el control de la Tierra. Además, la Alianza debía asegurarse, esta vez, que daba la cobertura necesaria para el establecimiento de la nueva corporación reptiliana y la creación del nuevo orden regresivo en la Tierra y posteriormente en Sol 13.
Ahora había que definir los planes a largo plazo para deshacerse de la alta vibración remanente generada por la proliferación de semillas estelares positivas de muchas razas extraterrestres reencarnadas en la Tierra, gracias a la brillante idea de la Alianza de crear en el planeta un lugar para la expansión de las conciencias y que tanto éxito estaba teniendo.
El poder de estas semillas era capaz de reducir grandemente los efectos perniciosos de la matrix lunar por lo que la corporación debía comenzar a identificarlas y combatirlas con las propias semillas estelares oscuras. También debían realizarse acciones a corto plazo para conseguir que la Tierra se convirtiera en una granja energética que diera sustento a tanta raza negativa.
Para los planes a largo plazo debía de implantarse lo que una vez funcionó en la Atlántida y que era el control mental de la población para ir insertando en sus mentes creencias e ideas y modelando la percepción de su realidad de acuerdo con los intereses reptilianos. Ahora no iban a tener el incordio de las aguerridas lemurianas ya que Lemuria había sido destruida y sus habitantes se esfumaron por todos los rincones del olvido.
Cabía la posibilidad de que en Ériu todavía existieran tribus de lirianos altamente espirituales, instruidos y despiertos a los que habría que combatir más pronto que tarde, pero eso sería después de controlar la civilización de Keh-met cuyo poder era todavía un peligro para los planes reptiles y era dónde había que enfocarse.
El control mental podría hacerse de varias maneras. La primera sería utilizando las semillas estelares oscuras reencarnadas en personas que serían guiados desde su nacimiento para convertirse en figuras relevantes de la vida de Keh-met fundamentalmente en la casta sacerdotal dominante. Otra forma más rápida podría ser parasitando, desde el astral, a estas figuras relevantes convirtiéndolas en portales orgánicos, siempre que se pudieran adaptar las frecuencias vibracionales a las de las entidades astrales. Esto no sería sencillo dada el grado tan avanzado de consciencia de los habitantes de Keh-met, pero sería una opción a tener en cuenta.
Las semillas estelares oscuras o los parasitados energéticamente serían los nuevos líderes que se dirigirían al pueblo para insertar nuevas creencias e ideas. Sobre todo, se reforzaría la idea de que los dioses eran importantes en el buen funcionamiento de la sociedad y cuando fuera posible y las mentes y los corazones de los habitantes estuvieran lo suficientemente debilitados, se insertaría la idea de un nuevo dios para sustituir a los existentes.
Este nuevo dios, sería la representación del mal en la Tierra y su veneración contribuiría a generar mucho loosh para la alimentación de las entidades regresivas, no solo en la Tierra, sino también en el cielo. Y no solo eso, su adoración les daría mucho poder.
Así pues, poco a poco cuando todo estuvo organizado comenzó el trabajo de las entidades regresivas, pavimentando el camino para hacerse con el control de Keh-met y de ahí saltar al resto del planeta. Muchos reptiles ya se habían infiltrado subrepticiamente en la sociedad y vida de los habitantes de Keh-met ya fuera a través de portales orgánicos o a través de reptiles metamórficos o a través de semillas estelares oscuras que empezaban a entrar al planeta guiadas desde el control reptil de Saturno.
Todos estos elementos regresivos sembrarían lentamente la semilla de la discordia entre la población. Darían relevancia al mundo material y crearían objetos de distracción para que la espiritualidad y conexión con la fuente de los habitantes se alejara de ellos cada vez más y su vibración bajara haciéndoles fácilmente parasitables por entidades regresivas.
Intentarían convencer a la población de que, sin la presencia de sus dioses, ellos no serían nadie, no tendrían a quien pedir protección y habrían perdido todo su poder y conocimiento. Había que debilitar las mentes y los corazones de la gente. Había que trabajar con los lideres de la comunidad para llegar a más gente y facilitar el control mental. Había que interferir e intervenir la religión dominante en Keh-met controlando a los sacerdotes o algunos de los más relevantes. Había que crear un nuevo culto para sustituir a los anteriores y redirigir las energías de adoración hacia otro lugar.
Pero este esfuerzo reptil era lento y tedioso porque en el camino se encontraban con semillas estelares positivas reencarnadas que les ponían trabas y alertaban a la gente de los peligros de olvidarse de uno mismo y de no cuidar su interior. Debían de seguir conectados con la Fuente, de seguir vibrando alto y tener pensamientos positivos. Las semillas positivas alertaban a la población de los peligros de la adoración a tantos dioses, fueran los que fueran, y de la cesión de su poder a estas divinidades. Había que estar atentos, porque el mal se manifestaría en cualquier momento y lugar.
Casi mil años después las tácticas reptilianas empezaban a notarse en ciertos estamentos de la sociedad, a pesar del trabajo de las semillas positivas. Hubo un notorio retroceso en la sociedad liriana. El nivel de consciencia de la población de Keh-met había bajado considerablemente gracias al trabajo en las sombras de la corporación reptil. Y no solo el nivel de consciencia.
Los conocimientos ancestrales habían mermado y la tecnología avanzada casi desaparecido. Después de tres mil años funcionando, las pirámides habían dejado de trabajar al haber sido saboteadas por entidades regresivas a pesar de haber estado protegidas constantemente por un grupo especial de Shemsu Hor. La población las había desmantelado poco después al desconocer el funcionamiento de los generadores de energía que alimentaban la colonia y alrededores. La iluminación de los hogares volvió a hacerse con hachones.
La casta sacerdotal y gubernamental de los Shemsu Hor veían el declive de su sociedad y aunque tenían todavía cierto poder y nivel comparado con el resto de la población, no era suficiente como para guiar al pueblo convenientemente y defenderlo de los ataques sutiles de los reptiles que inmisericordemente seguían interfiriendo en la vida de la población sin que esta se percatara. Los argumentos de la casta sacerdotal para promover un cambio de modelo de gobierno estaban basados en la poca eficacia y lentitud que suponía tener una autoridad regida por un consejo de doce ancianos que se eternizaban para tomar decisiones. Pensaron que un gobierno autocrático podría ayudar a mejorar el funcionamiento de la sociedad de Keh-met.
Para resolver esto habían barajado la opción de nombrar a un líder mucho más fuerte e influyente para gobernar las tierras de Keh-met. No sabían que esta idea estaba siendo insertada en sus mentes por fuerzas oscuras que estaban preparando un plan a largo plazo. Finalmente, los sacerdotes consideraron dicha opción como la más oportuna. Así pues, tras muchas discusiones se nombró Sera —palabra que en lenguaje atlante significaba líder supremo o rey— a uno de los miembros más prestigiosos y sabios de los Shemsu Hor llamado Hor-Aha.
Hor-Aha era un liriano fuertemente espiritual, muy influyente y carismático. Hijo de Sargón, líder fenicio descendiente de los remotos habitantes de Ériu y que viajó posteriormente desde Tiro hasta las prósperas tierras de Keh-met. Hor-Aha sería el líder supremo fundador de la primera dinastía de reyes o faraones, en cuyos planes estaba la unificación de todas los asentamientos y colonias al sur y el norte de Keh-met y su protección. Fundaría una gran ciudad llamada Menfis al sur de Keh-met.
Tras un fructífero reinado realizando trabajos de renombre para la sociedad de Keh-met y conteniendo los ataques reptiles desde todos los frentes, Hor-Aha, en edad muy avanzada, decidió realizar un viaje de exploración con su flota hacia Ériu, la Tierra del Ocaso más Lejana del Oeste en el Océano Occidental. Como descendiente de los antiguos druidas deseaba volver a la tierra natal de sus antepasados antes de morir. Desgraciadamente, en Ériu encontró su trágica muerte y fue enterrado allí. No fue enterrado en Keh-met, aunque sí dejó una tumba vacía con su nombre que era simplemente un cenotafio.
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