Episodio 22: Refundación de Keh-met.

Refundación de Keh-met

«Esto es muy importante porque destruye
la verdadera historia humana porque en
estos escritos y cuentos históricos se conectan
al pueblo Celta, Druidas y Bardos con la
civilización egipcia como la base misma de
dicha civilización cosa que los historiadores
oficialistas niegan vehementemente, pero que
los verdaderos investigadores, que son pocos, y
nuestros registros de nosotras indican claramente
que es la verdad el punto en el planeta en
donde nace la civilización occidental
es Irlanda y Escocia que antecede al Egipto predinástico,
Babilonia, Sumeria y China.»

Athena Swaruu.
El mago Merlín. El último druida.
– El mundo de los espíritus.

Antiguo Egipto predinástico.
Hace 11.000 años, marco temporal terrestre.

Superado el sabotaje reptil y bloqueada la amenaza de una posible vuelta regresiva, la civilización de Keh-met siguió su evolución avanzando con normalidad. Sin embargo, la Alianza había tomado la determinación de abandonar la Tierra y el sistema solar Sol 13, lo que podría suponer una ralentización del desarrollo tecnológico y social de Keh-met dado que la aportación del conocimiento, espiritualidad y tecnología de las razas extraterrestres estaban siendo fundamentales para conseguir esos resultados.

La Alianza estaba empeñada de manera enfermiza en volver a aplicar su manida primera directiva que le servía de perfecta excusa para cometer actos injustificables. Era un pretexto legal que aplicaba a conveniencia para obtener pingües beneficios de sus oscuros acuerdos con el Consejo de Orión. Además, en este caso concreto, la Alianza argumentaba que el arquitecto Thoth había desaparecido junto con los datos de su trabajo y que sería del todo imposible volver a realizarlos sin dichos datos.

Sin embargo, las razas extraterrestres pertenecientes, en su mayoría, a la Alianza que habían colaborado en la reconstrucción de las instalaciones de Keh-met, el levantamiento de las centrales de energía punto cero piramidales y que habían intervenido en la escaramuza contra el sabotaje sauroide, nunca entendieron, poniendo a un lado las excusas banales de la Alianza, por qué no volvió a reparar las bases subterráneas y dejarlas operativas otra vez, dada su importancia estratégica.

Junto a la extrañeza de estas razas se unían las de los descendientes de los habitantes originales de Keh-met que una vez llegaron hasta allí antes de la guerra de Tiamat y después del cataclismo de Sol 13. Aunque ya no estuviera Thoth, insistían, había mucha gente adiestrada de las expediciones extraterrestres que podrían sustituirlo perfectamente.

Aun así, la respuesta de la Alianza era que había tomado la decisión de que todas las razas extraterrestres, miembros o no de la Alianza, sobre la Tierra debían abandonar el planeta con el fin dejar espacio y libertad a los lirianos para que se desarrollaran, no solo técnica y socialmente, sino también espiritualmente.
De esta manera la Alianza se veía obligada a aplicar nuevamente las leyes espaciales que prohibían la intervención directa de las razas más avanzadas sobre otras menos avanzadas. Esto significaba que los lirianos de Keh-met ya no serían considerados, de ninguna manera, una raza avanzada respecto al nivel que tenían cuando ocurrió la catástrofe de Tiamat, por lo que se les inhabilitaba a interactuar con otras razas extraterrestres.

El que los pobladores originales de Keh-met hubieran perdido su sociedad holística, fueran veneradores del culto estelar, tuvieran un halcón como símbolo de su adoración en representación al sol y que además fuera considerado con el dios Amón Ra, dios solar, de la fertilidad y la fecundidad y el creador del mundo y todos los seres, eran razones suficientes para que la Alianza considerara al pueblo de Keh-met más religioso que espiritual y por tanto no apto para el contacto con seres más avanzados.

Como era de esperar, la reacción de algunas razas extraterrestres, especialmente Karistus, fue clara y enérgica contra dicha decisión. Dejando aparte la adoración solar de los pobladores de Keh-met, no entendían como la Alianza, que había asegurado, hacía ya un milenio, que acabaría con los sauroides cuando sus fuerzas se recobraran tras la imposición de la matrix lunar, abandonaba así a los lirianos terrestres.

A todas luces, los dejaba a su suerte y los convertía en pasto fácil para las razas reptilianas regresivas y entidades parasitarias del bajo astral que todavía seguían operativas y pululando por la faz de la tierra gracias a la implantación de dicha matrix lunar que reducía el poder de manifestación positiva de los lirianos y favorecía la manifestación negativa de egrégores y tulpas altamente regresivas.

A pesar de la protesta generaliza y los claros indicios de que la Alianza tramaba algo oscuro, ésta no movió un solo dedo para cambiar su decisión. Sin embargo, para suavizar el asunto, había decidido dar la libertad para que las personas pertenecientes a las razas extraterrestres, miembros o no de la Alianza, y que así lo deseasen, pudieran permanecer en la Tierra el tiempo que estimaran oportuno para ayudar a los lirianos a conseguir cierto nivel evolutivo. Para ello, la condición impuesta por la Alianza era que no podrían utilizar ninguna tecnología extraterrestre avanzada y que cuando lo requirieran podrían abandonar el planeta. Evidentemente, esto parecía otra burla más de la Alianza que nuevamente aplicaba la primera directiva según le convenía.

Ante estos hechos, las razas progresistas no tuvieron otra opción que retirar toda su tecnología y maquinaria estelar, abandonar la región, salir del planeta Tierra y del sistema solar y volver a sus lugares de origen o desplazarse a otros destinos. Además, la Alianza establecería de forma permanente un punto de control y vigilancia estelar en Saturno, estacionando entre los anillos del planeta una nave gigante biosfera andromedana que supervisaría el cumplimiento de la primera directiva.

Sin embargo, y haciendo lo que creían correcto, muchos se acogerían a la exención ofrecida por la Alianza para quedarse en la Tierra y apoyar el crecimiento y progreso de la civilización de Keh-met. Aquellos que decidieron quedarse, empezaron a trabajar duramente ofreciendo sus conocimientos, su sabiduría, su tecnología y su esfuerzo. Urmah, pleyadianos, arcturianos, andromedanos, celeanos y otras muchas más personas de diferentes razas comenzarían a trabajar denodadamente junto a los lirianos, shemsu hor y otros habitantes ancestrales de Keh-met para conseguir los objetivos anhelados.

Tristemente, los que se quedaron en Tierra constataron que la Alianza no cumplió con su promesa de eliminar las entidades regresivas del planeta y del sistema solar. En el primer encontronazo fuerte contra las razas regresivas, la Alianza retrocedió y salió corriendo. ¿Tuvo alguna vez la intención de hacer lo que había dicho que haría? Se preguntaban todos. Mintió amparándose otra vez en la dichosa primera directiva de las leyes espaciales que solo ella creó.

Sí, la Alianza mintió porque su objetivo era la de crear un ambiente favorable para los reptiles y sus socios y, siendo que Keh-met podría convertirse en una fuente inacabable de problemas para los sauroides y la caterva de entidades del bajo astral, decidió destruir la estación de paso y base subterránea de doble nivel más importante de la Tierra. Decidió destruir una herramienta que, para los lirianos, habría sido una poderosa arma para luchar sin descanso contra las entidades regresivas.

Ahora ya no tenían esa arma, pero afortunadamente las pirámides de energía seguían funcionando con lo que el desarrollo tecnológico y espiritual todavía se mantenía y era apoyado por algunos miembros de las razas de la Alianza que había decidido quedarse. Los lirianos tuvieron suerte de contar con la presencia de algunos urmah, engan, andromedanos y arcturianos que siguieron impartiendo conocimientos de todo tipo para ayudar a la población a evolucionar en todos los campos de la ciencia y de la espiritualidad a pesar de que la matrix lunar era perniciosa para ellos.

Gracias a estos venerados hombres y mujeres extraterrestres se avanzó en muchas ramas de la ciencia, en la filosofía, en la educación, en la espiritualidad y en la tecnología. La arquitectura había dado pasos de gigantes, construyéndose infinidad de edificaciones y monumentos utilizando tecnología muy avanzada, a pesar de las restricciones de la Alianza. Hubo un gran avance espiritual, siendo que la sociedad de Keh-met se convertiría muy pronto en una sociedad holística.

Keh-met llevaba años funcionamiento con normalidad y las entidades regresivas no habían vuelto a hacer presencia, aunque eso no significaba que no pudieran estar trabajando en la sombra. Sin embargo, la vibración existencial de Keh-met era muy alta para los sauroides y socios a pesar de las frecuencias lunares. La base subterránea de dos niveles se había sellado después del ataque inicial de los reptiles y aquellos que se quedaron para ayudar a los lirianos y que tanto habían hecho por Keh-met veían que la colonia progresaba de manera apropiada.

Aun así, en un momento dado decidieron también abandonar la Tierra. No todos, pero si la gran mayoría. La razón fundamental de esta decisión no es que hubieran dado por acabada su misión, sino que se sentían molestos porque los habitantes de la colonia habían creado un movimiento que había pasado de la veneración a los instructores galácticos a la adoración de éstos. Sin saber realmente por qué, se produjo una transformación y un olvido paulatino de quiénes eran realmente los maestros estelares y finalmente, los mentores terminaron por convertirse en sus dioses.

Esto último era algo que habían evitado siempre, haciendo que los habitantes de la colonia intentaran comprender que ellos no eran dioses, tan solo más personas como ellos conectados con la Fuente. Pero desgraciadamente, este pensamiento lo llevaban impreso en su psique desde tiempos pretéritos en la Atlántida, cuando las hordas reptiles gobernantes insertaron implantes etéricos en sus mentes y reprogramaron la percepción de su realidad.
El inconsciente colectivo liriano ayudado por la matrix lunar volvía a atacar las mentes de los habitantes de Keh-met, herederos de los remotos supervivientes de la catástrofe que llegaron a las tierras altas de Al-ba y Ériu y que en su día también convirtieron en diosas a Danu y a otras muchas lemurianas.

Ahora, el sol y los mentores extraterrestres también habían sido convertidos en dioses y ante la imposibilidad de revertir la situación, dichos mentores decidieron marcharse de la Tierra. En cierto modo, se sentían satisfechos y daban por finalizada su misión, su trabajo de reconstrucción y su enseñanza de la metafísica y de otras materias. Ahora debería ser la población indígena, junto con sus dioses ausentes físicamente, quien tendría que seguir con su evolución y con su vida y aplicar lo aprendido.

Desgraciadamente, habían desarrollado la necesidad de adorar a esos dioses porque sin ellos se sentían perdidos. Se sentían perdidos porque se estaban olvidando de quienes eran ellos mismos y se estaban olvidando de lo aprendido también. A sus nuevos dioses los hicieron estatuas y monumentos para tenerlos presentes en sus vidas. Volvía a nacer una religión en la que daba cabida multitud de dioses.

Pero su dios principal sería Amón-Ra, Horus, el dios sol, al que los antepasados de Ériu llamaron una vez Iesa. Dieron un paso atrás y fueron desde una sociedad holística gobernadas por consejos multinivel a una sociedad politeísta jerarquizada y gobernada por sacerdotes y reyes.

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Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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