Episodio 21: Sabotaje reptil.

Sabotaje reptil

“Según los textos antiguos encontrados
en el templo de Edfu en Egipto
(titulado La Historia de Thoth: El Atlante),
los Shemsu Hor o Discípulos de Horus eran una
raza de sabios altamente dotados que originalmente
habitaban en diez islas prediluvianas
(probablemente la patria ártica de Hiperbórea).
Uno de sus mayores era Thoth, conocido por los
griegos como Hermes y los romanos como Mercurio.»

Michael Tsarion.
El origen irlandés de la civilización. Vol. 1.

Colonia de Keh-met.
Hace 11.300 años, marco temporal terrestre.

Los planes se estaban ejecutando al pie de la letra. Todo estaba en marcha en Keh-met y otros trabajos se estaban realizando a buen ritmo en el resto del mundo. A los ojos de las razas progresistas miembros de la Alianza, de los pobladores de Keh-met e incluso de las razas reptilianas, el trabajo de la Alianza había sido excepcional y podían dar fe de que la Alianza se había puesto en serio para reconstruir la vapuleada civilización liriana en el planeta Tierra y subir su frecuencia otra vez.

Antes, durante y después de los trabajos de la Alianza, la convivencia había sido pacífica, armoniosa y de plena colaboración entre todos los participantes; Shemsu Hor, lirianos descendientes de la Atlántida y razas extraterrestres positivas de la Alianza, mayormente taygeteanos, urmah, engan, andromedanos, arcturianos, sasani y otras. No obstante, las entidades regresivas, reptiles, arcontes, tulpas y egrégores que pululaban por la Tierra y por el bajo astral no estaban muy conformes con esa evolución de las cosas. No estaban de acuerdo con esa armonía que los condenaba a ellos a su desaparición, así que tenían que intervenir y preparar una letal ofensiva contra Keh-met y destruir su alta vibración. Tenían que infiltrase y sabotear la floreciente civilización de Keh-met.

Lo que no sabían en un cierto nivel de las entidades regresivas y mucho menos en las razas positivas era que el éxito en la ejecución de las obras arrojaba un velo sutil con el que se ocultaba una parte de los planes que no habían sido desvelados por algunos de los oficiales de la Alianza y que seguían las directivas del Consejo de Orión. Había llegado la hora de ejecutar el siguiente punto del plan que consistía básicamente en allanar el camino a las entidades oscuras para hacerse con el control de Keh-met y de otros lugares del mundo con el fin de alterar la frecuencia existencial.

En realidad, y eso lo sabían muy bien los karistus, todas las acciones de la Alianza, adornadas con un halo luminoso de bondad y espiritualidad, solo se encaminaban a facilitar la vuelta de los reptiles que habían gobernado en el mundo, adaptando la Tierra a sus necesidades sin que las razas positivas de la Alianza sospecharan que esto se estaba haciendo realmente así.

Dado que, en el pasado reciente, los enfrentamientos directos no habían sido la forma más recomendable para luchar contra las fuerzas lirianas que se oponían vehementemente al control de los sauroides, había que retomar viejas tácticas que antaño habían funcionado muy bien. Esto requería, por tanto, volver a ocultarse a la vista de todos e interferir en la vida de los lirianos más notables, a ser posible pertenecientes a los diferentes consejos locales o con cierta autoridad social o espiritual. De esta manera, podrían seleccionarse aquellos testaferros proclives a ser corrompidos o aquellos más débiles que pudieran ser controlados mentalmente o aquellos de más baja vibración que pudieran ser parasitados energéticamente.

Indudablemente no podrían crearse clones preprogramados ya que la tecnología había quedado destruida con la conflagración de Tiamat y no podían esperar que las razas sauroides, fuera del planeta, pudieran ayudarlos, puesto que ahora el control de la Alianza sobre el espacio era férreo y parecía del todo imposible que pudieran entrar en la Tierra o en el sistema solar. No podían ir de frente puesto que se encontrarían cara a cara con los miembros de la Alianza y eso debían evitarlo a toda costa.

Sin embargo, no necesitaban ayuda del exterior porque habiendo seguido los pasos de la reconstrucción de Keh-met, sabían a ciencia cierta que no les haría falta utilizar ningún método tecnológico para conseguir que un liriano acatase sus órdenes. Thoth, el arquitecto y sabio responsable de la reconstrucción de Keh-met, era la persona adecuada para empezar esta operación de sabotaje ya que Thoth se sentían inclinado a favorecer los intereses sauroides desde hacía tiempo. No fue necesario corromperlo, parasitarlo o controlarlo mentalmente porque Thoth ya había sido convencido por los reptiles que se habían infiltrado desde tiempos inmemoriales en las altas jerarquías de la Alianza y de otros grupos galácticos.

No obstante, un ejército de entidades parasitarias del bajo astral que trabajaban junto con los reptiles del Consejo de Orión había entrado en el planeta, usando en su beneficio las bajas frecuencias que proporcionaba la matrix lunar y su potenciación por las pirámides recién construidas, con la intención de dominar los cuerpos biológicos de los lirianos y esclavizarlos de nuevo. Aunque solo podrían parasitar los biotrajes cuando sus frecuencias fueran compatibles con las de los parásitos astrales.

Habían hecho todo lo posible por destruir todo atisbo de densidad 5D o más en la Tierra y en el sistema solar y no iban a permitir que Keh-met se erigiera como una fuente energética de alta frecuencia que pusiera su supervivencia en peligro. La Alianza había reconstruido Keh-met para propiciar una alta frecuencia en la Tierra, pero Thoth ya se había encargado de hacer las implementaciones necesarias para darle la vuelta a la situación.

Así que Thoth se había convertido en una pieza clave de las fuerzas regresivas y del que esperaban total colaboración. Además, había un trabajo en marcha de las entidades oscuras para obtener adeptos lirianos parasitados que construirían poco a poco una facción regresiva con apariencia liriana. Y con esto en curso se estudiaron los posibles objetivos que podían atacarse para destruirlos y alejar a la Alianza de Keh-met. Mientras las razas positivas de la Alianza estuvieran allí el avance regresivo no podría tener éxito.

Uno de los principales objetivos reptiles era las dos bases subterráneas que la Alianza había reformado y que Thoth ahora conocía muy bien. Allí se encontraba buena parte de la historia de la Tierra y del sistema solar y los regresivos estaban empeñados en eliminarla porque no querían que los lirianos supieran de dónde venían, el poder que tenían y cuán fuerte era su conexión con la Fuente Original.

Debian eliminar toda la información guardada allí desde los tiempos antediluvianos que señalaba a las razas reptiles como los únicos responsables de todos los problemas y de todo el mal en la Tierra y en este sector de la galaxia. Cuanto menos supieran los lirianos, mejor para los intereses regresivos. Además, la base subterránea había sido dotada con la última tecnología proveniente de las razas más avanzadas de la galaxia y que podía ser letal para las razas sauroides y demás camarillas regresivas.

Minuciosa y detalladamente Thoth preparó cómo debía de realizarse el asalto a las bases subterráneas que el mismo había reacondicionado y qué objetivos precisos dentro de ellas debían ser destruidos. Parecía un acto estúpido y sin sentido que la misma persona que había reconstruido una cosa se dispusiera seguidamente a destruirla, pero su doble papel como oficial dentro de la Alianza y esbirro del Consejo de Orión le obligaban a realizar dicho juego.
Además, el haber sido el arquitecto principal que llevara a cabo las obras, le había venido muy bien para conocer al detalle la ubicación de los elementos importantes a eliminar dentro de las bases subterráneas. Las pirámides no eran el objetivo principal pues los sauroides podían sacar buen partido del funcionamiento de éstas para sus propios intereses con unos cambios sencillos en sus mecanismos.

El arquitecto contaba con un pequeño número de reptiles kingu que serían introducidos por un portal artificial abierto por ellos mismos y localizado a las afueras de Keh-met. Este séquito reptil le daría soporte logístico para la intervención táctica a las bases subterráneas que estaban ya operativas, aunque no con todo el personal necesario. Había tenido tiempo, además, de reunir un grupo de lirianos que habían sido fáciles de corromper o que habían podido ser parasitados y controlados mentalmente para unirse a los propósitos de Thoth y que le ayudarían a poner en marcha el complot sin levantar muchas sospechas. Antes de que la base pudiera estar ocupada al 100%, Thoth dio la orden de atacarla.

Llegado el momento Thoth comenzó a dar órdenes telepáticamente al grupo de sauroides kingu y a los adeptos lirianos. Estos últimos deberían ponerse en marcha hacia las puertas de las bases subterráneas situadas entre las patas delanteras de la esfinge que indica la ubicación inequívoca de las bases. Los kingu no se dejarían ver y darían cobertura a la retirada de Thoth y de los lirianos colaboradores cuando estos hubieran acometido la misión.

Cuando los lirianos rebeldes llegaron hasta la llanura frente a la esfinge sin ser vistos, localizaron varios soldados de élite hashmallim y shinonim taygeteanos que custodiaban el exterior de las bases. A pesar de estar muy bien preparados y protegidos, para los hombres de Thoth, que conocían las frecuencias de los escudos protectores de los soldados, fue muy sencillo interferir sus escudos y su estado mental antes de que pudieran darse cuenta de lo que estaba pasando y dar la alerta. No fueron eliminados, pero si completamente desactivados, entrando en un coma profundo.

Hasta ahora los regresivos habían tenido suerte de no ser detectados y seguían con su ataque. Después, Thoth puso en marcha unos potentes inhibidores y generadores de señales de frecuencias específicas para bloquear los interferómetros y los detectores interiores de las bases para que no pudieran señalizar la presencia de intrusos ni fuera de las bases ni dentro.
Una vez realizado este paso y cerciorado que de que se habían bloqueado los sensores, se dirigió a la entrada de la esfinge. Primeramente, accedió al control de apertura de debajo de la oreja derecha de la esfinge e, introduciendo el código de acceso que bien conocía, se abrieron las puertas de entrada situadas entre las patas delanteras de la esfinge.

Dentro del recinto se dirigieron directamente al cuerpo de guardia de la primera planta de la base subterránea. Allí se guardaban todas las armas que podían utilizarse para la protección de las bases, pero que esta vez no había nadie en el interior para utilizarlas, pero sí las huestes de Thoth. Estas armas eran rifles portátiles de frecuencia y energía dirigida y fueron tomados con el fin de utilizarlas para destruir los objetivos buscados por Thoth.

Lo que no sabía Thoth era que la apertura del pequeño portal artificial realizada por los kingu había producido una perturbación energética inusual en el entorno de Keh-met que había sido detectada por algunas naves de la Alianza en órbita, especialmente las taygeteanas que eran las más dotadas. Esta perturbación había sido informada a los oficiales andromedanos de la Alianza que le había quitado importancia sospechosamente.

Sin embargo, las naves taygeteanas se lo había hecho saber a los efectivos en tierra para qué investigaran. Cuando el equipo que iba indagar la apertura del portal se dio cuenta de lo que estaba sucediendo dieron la alarma, que no solo se notificaría en el interior de las bases y en las dotaciones en tierra, sino fuera también en los centros de control de todas las naves de la Alianza en órbita.

Con la sorpresa de la activación de esta alarma, Thoth se paró un instante a valorar la situación, pero decidió seguir con el plan y se dirigió a sus colaboradores regresivos exigiéndoles prisa y ordenándoles que destruyeran todo lo que pudieran a su paso, mientras accedían en bandada por los pasillos de la primera planta y a las salas de la segunda que también había sido reformada aun cuando no había sido tan dañada por la primera guerra antigua, las guerras de Tiamat y las consiguientes inundaciones de la catástrofe.

Casi de manera inmediata, las fuerzas positivas se plantaron frente a la esfinge para parar la incursión regresiva a las dos plantas de la base y dio comienzo un enfrentamiento a muerte entre los regresivos, mayormente lirianos parasitados, y un grupo compacto formado por personal de las diferentes razas que representan a la Alianza en Keh-met. Se produjeron fuertes explosiones en el interior de las bases y duros enfrentamientos entre los lirianos parasitados y los soldados de la Alianza.

Los componentes de la Alianza se vieron sorprendidos por la morfología de los atacantes que en un principio habían sido identificados por su frecuencia de vibración como reptiles. A pesar de que el enemigo mostraba una apariencia liriana, los soldados de la Alianza arremetieron contra ellos sin bacilar.

Cuando Thoth se dio cuenta de que sería muy difícil conseguir el objetivo, observó que los lirianos regresivos destruían todo lo que se encontraban a su paso dentro de las instalaciones de las dos bases subterráneas antes de ser eliminados. Ante lo que veía, se dio por satisfecho, aunque no supiera el alcance real de la destrucción de los sistemas realizada por sus colaboradores y decidió escapar del lugar y desaparecer de Keh-met.

Los kingu en la retaguardia mantenían a duras penas el portal artificial abierto, pero defendiéndolo de los duros e incesantes ataques de los shinonim y hashmallim taygeteanos y de las fuerzas terrestres de la Alianza, hasta que Thoth pudo internarse por él y desaparecer. Y con él, muchos de los kingu, hasta que el portal se cerró de repente. Fue imposible saber desde dónde se abrió el portal realmente y a dónde fue a parar el arquitecto andromedano traidor.

A pesar de eso, se dio orden de buscar a Thoth en cualquier parte del planeta Tierra, extendiendo la búsqueda en Venus y Marte, planetas mayormente controlados por los reptiles, pero se sospechaba grandemente que Thoth había desaparecido en el interior de alguna gruta reptiliana terrestre. Tras varios dias de búsqueda, esta se canceló enfocando todos los esfuerzos a verificar los destrozos realizados en las instalaciones de las bases y a contabilizar las bajas.

El asalto se convirtió en una acción brutal causando muchas bajas en ambos bandos, si bien, los reptiles habían sido los menos perjudicados por no haber intervenido directamente y haber utilizado biotrajes lirianos para cometer el ataque a la base, pero muchos Shemsu Hor y lirianos de Keh-met y miembros de las razas de la Alianza habían sido masacrados en el ataque. Finalmente, se comprobó que la base había quedado muy dañada y prácticamente inutilizable. Este hecho execrable de las razas sauroides forzó la Alianza dar orden de clausurarla definitivamente.

La Alianza daba un paso atrás y rectificaba su postura. Volvía a aplicar el antiguo paradigma que nunca debió de olvidar e insistía en que los problemas de la Tierra se quedaban en la Tierra y debían ser resueltos por los habitantes de la Tierra. Ninguna raza avanzada no terrestre podría inmiscuirse. Reconocía el error que había cometido con la ejecución del proyecto de redención planetaria. Asi pues decidió que era hora de retirarse y salir del sistema solar.

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Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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