
Sol 13 post cataclismo
«La Tierra tenía cinco continentes más,
hoy sumergidos bajo el agua: Appalachia,
Fennoscandia, Oceana, Tirannia y
Beringia. Si mirabas al cielo, podías ver a
Tiamat, el planeta acuático. Se veía tan
grande como hoy se ve la Luna. Le decían: la Luna.»
Yazhi Swaruu.
La expansión de Lyra – Las guerras de Orión – Parte 2.
Conocimiento Pleyadiano.
Espacio circundante del planeta Tierra.
Alrededor de 12.500 años, marco temporal terrestre.
Con aparente esfuerzo y dedicación, la Alianza Galáctica trabajaba sin descanso para devolver al sistema solar la normalidad que había perdido tras la guerra y posterior cataclismo cósmico del que precisamente la Alianza era la única responsable directa, según las interminables acusaciones de karistus. No solo a nivel físico, sino también a nivel espiritual. Es más, karistus culpaba a la Alianza no solo de negligencia, sino de participar alevosa y conscientemente en la destrucción de Tiamat.
Sus acusaciones se fundamentaban en la certidumbre de que la Alianza favorecía, incomprensiblemente, el gobierno reptil en Sol 13 y que estaba adaptando la frecuencia de vibración del sistema solar para hacerlo compatible con la de las razas del Consejo de Orión. Y con la destrucción de Tiamat, el colapso de la densidad planetaria y del propio Sol 13 eran hechos más que evidentes.
A eso se le sumaría también el despropósito, contra el que los karistus también estaban en desacuerdo, de crear una muralla energética alrededor de la Tierra para solventar los problemas que causaba la falta de un planeta en Sol 13 y para, supuestamente, encarcelar a los reptiles y lirianos sobrevivientes de la gran inundación en la Tierra y no pudieran salir de allí.
Para karistus no se trataba de confinar a los reptiles en la Tierra, sino de crear un hábitat perfecto para ellos, creando una matrix 3D de baja frecuencia y terraformando la Tierra. Matrix que afectaría negativamente a los lirianos supervivientes de la Tierra, pero que a la Alianza no parecía preocuparle demasiado.
Sin embargo, las voces de los jovianos no se tenían en cuenta porque ninguna de las razas miembro creía que la magnánima, espiritual y benevolente Alianza pudiera cometer tales aberraciones, cuando a todas luces, llevaba eones persiguiendo y destruyendo a las razas sauroides más sanguinarias de la galaxia.
Ante esto, las razas progresivas se preguntaban: ¿por qué la Alianza iba a favorecer y permitir que las razas reptiles se salieran con la suya y crear un entorno favorable para su existencia y evolución? ¿Esto eran conjeturas sin fundamento o había algo más que no se había explicado con claridad? ¿Quizás la Alianza aprovecharía la circunstancia para encerrar a las razas sauroides regresivas en un sistema solar para que no pudieran salir de allí nunca más o se trataba de otra cosa? Los karistus, no obstante, cada vez lo tenían más claro. Algo pasaba dentro de la Alianza al menos en los niveles 5D de la misma.
Independientemente de las sospechas fundadas o no de los karistus, era evidente que las consciencias que representaban los planetas y el propio sol sentían un profundo pesar por lo que había ocurrido. La guerra, la destrucción de Tiamat y el cataclismo de la Tierra estaban causando una verdadera conmoción estelar. Si no se ponían en marcha urgentemente las medidas adoptadas por los ingenieros de la Alianza para que la Tierra recuperara su deambular cósmico normal y Sol 13 su equilibrio natural, el resto de los planetas del sistema solar podrían salir también muy perjudicados.
Con algunos cruceros estelares taygeteanos que habían sobrevivido a la conflagración bélica y con la ayuda de los navíos de otras razas, comenzaron las maniobras de transporte de la nave biosfera andromedana desde una localización cercana a donde estaba Tiamat hasta situarla en una órbita alta de la Tierra. El transporte se realizaba con varios rayos tractores configurados para empujar la nave andromedana y colocarla a la distancia convenida de la Tierra. La nave sería la nueva luna de la Tierra.
Los daños causados en la nave biosfera por la guerra y la propia destrucción de Tiamat eran tan grandes que se había decidido no hacer ninguna reparación en los generadores originales de energía punto cero de la nave. Era más sencillo acoplar e instalar doce nuevos generadores de energía que funcionasen con energía atómica con el fin de dar servicio al campo electromagnético de baja frecuencia que debía rodear la Tierra y alimentar los generadores holográficos que se instalarían en una cara de la nave para tapar los destrozos en la superficie y su propia fisionomía y que obligaría a la nave luna a permanecer siempre mirando con esta misma cara hacia la Tierra.
La luna se instalaría en una órbita lo suficientemente cercana a la Tierra para que no tuviera que invertirse mucha más energía para el campo electromagnético y lo suficientemente lejos como para que el campo gravitatorio de la Tierra no terminara engulléndola. De esta manera no consumiría demasiado energía para corregir constantemente la trayectoria de la nave luna alrededor de la Tierra.
Para ello se tenía previsto programar los computadores de la nave con la trayectoria correcta sobre la órbita definida para la luna y se eliminaría el giro de rotación de la nave andromedana para minimizar el consumo de energía en los hologramas y el número de éstos. El mero acercamiento al planeta ya comenzaba a provocar oleajes importantes en los nuevos mares creados tras la gran inundación y desafortunadamente, los supervivientes terrestres volverían a ser sometidos a nuevos cambios.
A parte de la función principal de la nave luna, también podría convertirse en una base o estación de paso para las razas de la Alianza y podrían utilizarse los compartimentos internos de la nave para ser habitados, pero las funcionalidades propias de la nave luna deberían ser automatizas en su mayor parte. Periódicamente podrían hacerse revisiones para chequear el buen funcionamiento del sistema y en principio se harían por las razas que formaban la Alianza empezando por la propia andromedana.
Al cabo de unos días de maniobras de colocación de la luna, los ingenieros empezaron con las pruebas oportunas hasta ajustar la frecuencia y los armónicos exactos del campo electromagnético proyectado desde la nave luna para conseguir solucionar los problemas que se había detectado tras la destrucción de Tiamat y el consiguiente cambio de polos de la Tierra. Vieron que desde la Tierra se generaban otras señales artificiales que provenían de algunas pirámides de generación de energía punto cero situadas en algunas ciudades atlantes sumergidas por la catástrofe que provocaban potentes anomalías magnéticas en el hemisferio sur occidental, aunque no solo ahí. Había también perturbaciones en la base destruida de Khri-mea que había que compensar.
La potente señal impuesta desde la luna, convenientemente sintonizada, haría una interferencia destructiva con la magnetosfera para conseguir los objetivos. La Tierra recuperaría prácticamente su antigua trayectoria alrededor el Sol con mínimas variaciones debida a la falta de Tiamat y los polos volverían a situarse en su antigua ubicación. Este último cambio de polaridad aunado con un cambio energético muy potente acusado en la Tierra al aumentar de masa, no solo por la nueva luna y sus frecuencias, sino porque la Tierra había adquirido varios billones de toneladas de masa de agua proveniente de Tiamat por el diluvio, provocaría otro cataclismo inevitable en la Tierra que generaría una nueva modificación de la morfología de los continentes y un cambio climático global debido a la alteración del eje magnético de la Tierra.
Una vez ajustadas las frecuencias lunares, la muralla energética alrededor de la Tierra impediría que los reptiles salieran o entraran a la Tierra con naves estelares. En caso de hacerlo, la potencia y frecuencia de la valla electromagnética los destruirá a menos que consiguiesen la tecnología necesaria para evitar la radiación de dicha valla. Podrían salir y entrar por portales estelares localizados en la superficie del planeta o en su interior, pero la Alianza había puesto bajo su control la detección de cualquier perturbación energética en la Tierra por medio de interferómetros altamente sensibles y por tanto podrían vigilar casi al 100% las entradas y salidas por estos portales.
Este sistema carcelario duraría hasta que la Alianza se recompusiera lo suficiente para acabar con la amenaza reptil de una forma definitiva en Sol 13 y encontrar una solución que eliminara toda perturbación y reducción de la original 5D de la Tierra y en el sistema solar. Pero, para karistus esto era falso. La idea de la Alianza era otra muy diferente. De cara a los miembros de la Alianza, ésta decía una cosa y por detrás hacia otra completamente diferente.
Desgraciadamente, y gracias a las medidas aplicadas por la Alianza, los lirianos que hubiesen sobrevivido y quedado sobre la superficie terrestre correrían el mismo destino que los sauroides. Los reptiles supervivientes habían quedado realmente impedidos, pero no tenían intención de abandonar su planeta. La pérdida de su tecnología los hizo tan primitivos como sus razas de esclavos atlantes. Sus aeronaves voladoras, sus armas, sus computadoras holográficas y otros dispositivos técnicos de valor incalculable fueron gravemente dañados o destruidos. Muchas máquinas fueron destrozadas y enterradas, mientras que otras fueron destruidas cuando la Tierra estalló violenta e inesperadamente a su alrededor.
Solo aquellos lirianos que superaran el trauma psicológico y volvieran a recuperar la tecnología necesaria, podrían salir. Incluso sus almas no podrían salir a menos que consiguieran llegar a una densidad de vibración superior durante su encarnación en el planeta.
Afortunadamente, no todos los supervivientes habían perdido toda la tecnología en la gran inundación. Algunos grupos de lemurianas, en comparación con las tribus atlantes, habían podido salvar mucha tecnología avanzada y la habían llevado con ellas a las entrañas de la Tierra. Con dicha tecnología tendrían la posibilidad de salir de la Tierra, si es que lo deseaban, pero primero debían de curar sus heridas tanto físicas como psíquicas y después intentar desarrollar una nueva civilización intraterrena avanzada. A esta nueva civilización la llamarían Agartha.
Los agarthianos se extenderían poco a poco bajo la superficie del planeta con relativamente poca interferencia reptiliana. Estaban convencidos que su alta consciencia, alta vibración, voluntad de vivir bien y ser felices los mantendría en una densidad cercana a la 5D. Eran conscientes de que con su nueva vida subterránea perderían todo contacto con el exterior y con la Alianza.
Cuando los trabajos en órbita se terminaron, muchos meses después, algunos de los lideres de la Alianza, revestidos de una impoluta espiritualidad, se dieron cuenta del hecho que el confinamiento expuesto a la Tierra y la terraformación del planeta debido a la instauración de las frecuencias bajas lunares, podría proporcionar una experiencia avanzada para las almas de aquellas semillas estelares que encarnaran en la Tierra.
Además, los ingenieros de la Alianza pusieron en evidencia el hecho de que el campo electromagnético proyectado sobre la Tierra podría funcionar como un rayo tractor por lo que desde la luna se podría crear cuerpos materiales y que esto podría favorecer la creación de un entorno propicio para los habitantes de la Tierra, principalmente para los reptiles y entidades del bajo astral.
Según la Alianza, la Tierra se había convertido en el caldo de cultivo ideal para que las almas allí encarnadas tuvieran una experiencia superior y provocara una expansión de consciencia sin igual que no encontrarían en ningún otro planeta. La experiencia de los lirianos en la Tierra mejoraría en las condiciones en las que se había quedado el planeta. Las mismas condiciones que harían que mejorara también la vida de los sauroides controladores.
Según los Karistus, no era necesario crear un entorno así porque las consciencias podrían avanzar como lo habían hecho hasta ese momento sin padecer sufrimiento extremo. Sin embargo, los únicos beneficiados de toda esta diatriba espiritual eran las entidades regresivas, tuvieran la naturaleza que tuvieran, por lo que Karistus sabía que la Alianza no haría nada para eliminar dichas entidades, sino todo lo contrario. Otra vez se confirmaban las sospechas de los jovianos.
Lo que no había calculado la Alianza era que la experiencia en la Tierra tendría un aliciente añadido; gracias al sufrimiento y el miedo padecido por los lirianos y otras razas encarceladas en la Tierra, ésta se llenaría de tulpas y egrégores que darían paso a la manifestación de multitud de arcontes y entidades parasitarias de baja frecuencia.
Una vez estabilizada la dinámica energética y gravitatoria de la Tierra y del resto del sistema solar y confinados los reptiles sobrevivientes, el siguiente paso de la Alianza sería reconstruir los planetas más devastados por la guerra de Tiamat, especialmente la Tierra y reestablecer, en la medida que fuera posible, sus civilizaciones.
Las grandiosas y avanzadas Atlántida y Lemuria habían desaparecido de la faz de la Tierra y su tecnología también. Había que echar una mano a los supervivientes de la gran catástrofe terrestre. Un nuevo comienzo podría ser posible, pero todo habría que hacerse a su tiempo ya que la Alianza y las razas que la componían tenían que recuperarse en todos los sentidos de la atrocidad de la guerra.
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