
Caos cósmico
«Todas esas tierras lejanas llenas de misterios
y llenos de memoria ahora están bajo agua.
La Atlántida y Lemuria son los dos grandes
«Oeste y Occidente» de ese momento y en eterna lucha.
No son las únicas grandes civilizaciones que
han existido, pues antes de ellos dos, incontables
otras han crecido madurado y han muerto.
Este conocimiento se ha perdido en el tiempo hoy en día.
Se duda de la existencia de la Atlántida y de Lemuria…
mucho menos se tiene memoria de lo que hubo antes.
Es un eterno ciclo de crecimiento,
auge y decadencia-destrucción.»
Swaruu de Erra.
Razas extraterrestres en 5D (7) – Agarthianos.
La Tierra.
Alrededor de 12.500 años, marco temporal terrestre.
Las previsiones calculadas por la IA cuántica-holográfica de las naves taygeteanas se iban a cumplir, y esta vez, a rajatabla. Tiamat, de un tamaño similar a Neptuno, había dejado de ser la segunda estrella de Sol 13 o la luna, como así la llamaban realmente. Ya no era el espejo del sol, ya no brillaría más. Se había apagado para siempre. La conmoción era brutal en el sistema solar y los karistus lloraban su pérdida llenos de rabia e indignación por haber permitido que la Alianza se apropiase del control y custodia del sistema solar cuando en realidad habían venido para destruirlo y ceder sus despojos a las razas del Consejo de Orión.
La visión de karistus no era compartida por las razas que formaban la Alianza, pero todas las perspectivas y todas las verdades eran válidas entre razas de alta espiritualidad. Pero ¿sería la verdad de karistus más verdad que otras? ¿Tan poderoso era el influjo de las entidades regresivas que controlaban ciertos niveles de la Alianza Galáctica que el resto de las razas miembro habían quedado obnubiladas y ciegas ante la evidencia?
Los pedazos desprendidos de Tiamat ya deambulaban erráticamente por el cosmos. La gran mayoría de ellos eran cascotes y rocas descomunales de agua congelada que provenían de los inmensos océanos del planeta desaparecido. Sus trayectorias eran diversas así que podrían ser atrapados por la gravedad de algún planeta, colisionar con otros asteroides o mantenerse en el espacio durante milenios.
Lo que se había calculado y observado era que la delicada dinámica energética y gravitatoria del sistema solar empezaría a cambiar por la falta de uno de los más importantes planetas de éste, así que se esperaba que con el paso del tiempo se produjera el subsecuente realineamiento de los astros y planetas del sistema solar trayendo consigo una serie de cataclismos en dichos planetas y creando con esto una nueva distribución orbital de los mismos hasta que el sistema solar encontrara su nueva homeostasis.
También se esperaba que muchos de los asteroides de hielo sucio cayeran en los planetas, principalmente de la Tierra, pero poco se podía hacer para evitarlo puesto que la guerra había agotado los recursos tecnológicos de la Alianza y la había debilitado grandemente lo que hacía imposible frenar la trayectoria de tanto cascote planetario. Quizás los asteroides o rocas más grandes podrían ser destruidos antes de la colisión, pero sería una misión imposible acabar con los millones de asteroides más pequeños que inundarían el cielo de la Tierra, Venus y Marte.
Mientras que eso sucedía y ante la alerta dada por la Alianza a los habitantes supervivientes de la guerra en los planetas más cercanos a Tiamat sobre la altísima probabilidad de que algún planeta se viera golpeado por una lluvia brutal de agua congelada, meteoritos y escombros procedentes del planeta destruido, algunas pocas naves estelares de pequeño tamaño, reptiles y lirianas, se veían escapar hacia el espacio. La Tierra era, principalmente, el planeta donde más habitantes había y más avanzada era su civilización y tecnología. Aun así y debido a la escasez de transporte, no solo en tierra, sino también en el espacio, había millones de habitantes que no podrían escapar de la destrucción y su futuro era incierto.
Los habitantes de la Atlántida y Lemuria que no tuvieron la suerte de escapar con una nave estelar procedieron a moverse hacia lugares más altos, no importaba si tenían que dirigirse hacia el este o el oeste, norte o sur. Las tierras altas podrían ofrecer más posibilidades de sobrevivir a las más que probables inundaciones que pudiera generar el agua proveniente de Tiamat. Aun así, no estarían a salvo puesto que no solo caería agua, sino también rocas y escombros cuyas trayectorias de caída serían totalmente impredecibles, sobre todo la de los objetos más pequeños que no se hubieran desintegrado al entrar en contacto con la atmósfera terrestre.
Intentarían construir barcos o sistemas para sortear las aguas foráneas, pero sabían que perderían todo lo que tenían y que solo debían escapar con sus pertenencias más personales. Si sobrevivían al cataclismo volverían a la edad de piedra.
También los reptiles, mayormente usungal y kingu, que no pudieron salir del planeta Tierra comenzaron su éxodo en busca de lugares donde protegerse. El interior de la Tierra podría ser un buen lugar, pero se corría el peligro de poder quedar anegado cuando empezara a caer el agua de Tiamat. Cualquier lugar podría ser peligroso, así que deberían estar muy atentos con la mirada puesta en el cielo y buscar lugares con cierta altitud.
Pocas semanas después de la destrucción de Tiamat empezaron a notarse las consecuencias. El cielo de la Tierra comenzó a llenarse de objetos voladores cuyas estelas describían una trayectoria descendente. Unos se volatilizaban antes de tocar la superficie debido a la fricción con la atmósfera, pero otros, por su gran tamaño, se convertían en agua líquida que caía como una torrencial lluvia sobre todos los lugares del planeta o en denso vapor que cubría los cielos en forma de negras nubes y bloqueaba la luz solar durante semanas.
Era obvio que el nivel de las aguas comenzaría a subir rápidamente y muchos lugares y ciudades empezarían a inundarse y desaparecer de la vista. Otros serían destruidos con los impactos de los meteoritos antes de terminar anegados por el agua que no dejaría de caer.
Pero no solo el agua de Tiamat caía sobre la Tierra. El goo negro del planeta, su sangre, cargado con el sufrimiento de todas consciencias que habían formado el planeta y todas las energías negativas creadas en el cataclismo, también estaba siendo derramado en el espacio al desintegrarse el planeta. Caía en gran escala por todo el globo e iría quedándose depositado en la superficie que finalmente sería anegada por el agua.
La Tierra era un planeta cubierto con grandes extensiones de bosques, pocos mares, muchos lagos y planicies sin fin, pero ahora regiones enteras estaban siendo engullidas por las inundaciones. Solo los lugares altos parecían salvarse de la devastación y allí eran donde los supervivientes encontraban un lugar más o menos seguro donde escapar de una muerte inevitable. La incertidumbre los corroía porque no sabían cuando dejaría de caer agua y si ésta llegaría a inundar las alturas también.
No tenían apenas para comer, no había transportes para salir de allí. Tendrían que usar balsas o construirlas, pero ¿con qué? Todo había sido destruido y cuando todo se calmara, tendrían que moverse rápidamente para encontrar algún lugar donde vivir y alimentarse. Pero, alimentarse ¿de qué? Sobrevivir a tal desastre sería muy difícil sin ayuda del exterior.
La civilización reptil multirracial de la Atlántida, una sociedad y una cultura muy avanzada, interestelar, situada en el continente de Appalachia había sido aniquilada y sus restos sumergidos por las ingentes toneladas de agua y escombros llegados a la Tierra. Otros continentes como Fenoscandia, Tirandia y Beringia habían sucumbido bajo las aguas y otros continentes estaban cambiado su morfología haciéndolos irreconocibles.
Muchas ciudades y regiones habían desaparecido ya y mucha gente había desencarnado atrapada entre los cascotes y el agua. Todo estaba quedando demolido, la tecnología avanzada reptil destruida. Con fortuna, los supervivientes al desastre, reptiles y esclavos lirianos, podrían moverse a tierras más occidentales, a las tierras altas de Al-ba y Ériu que aún permanecían a flote, aunque tendrían que volver a la época de las cavernas. Aun cuando los lirianos habían sido liberados de alguna manera por el cataclismo, todavía tenían que esconderse de los reptiles supervivientes que no cejaban en el empeño de someterlos y más ahora que podían convertirse en su único alimento.
La civilización de Lemuria, fundada por Taygeta como colonia, situada en el continente de Oceana y su ciudad capital Mu, había seguido una suerte parecida a la Atlántida. Había sido arrasada y había desaparecido bajo las aguas. Sus habitantes, a excepción de unos pocos, habían sucumbido y desencarnado. Los puertos espaciales habían sido destruidos y las bases taygeteanas de Lemuria inundadas e inutilizadas.
Algunos de los trabajadores, oficiales y técnicos pudieron escapar con algunas pocas naves estacionadas en tierra antes de que llegaran las aguas. Pocas personas más, entre las que también se encontraban algunas lirianas que habían sido manipuladas genéticamente por los reptiles atlantes con el fin de esclavizarlos y convertirlos también en carne para su alimento, sobrevivieron huyendo hacia el norte, el sur y el oeste.
A pesar del desastre, mucho de los lemurianos salvarían algo de su alta tecnología, aunque no podrían zafarse de sus perseguidores, supervivientes de la Atlántida, mayormente usungal y kingu. Para evitar su acecho, habían decidido esconderse en el interior de la tierra, bajo un monte que llamaron Shas-tha hacia el este de la extinta Oceana y el oeste de lo que había quedado en pie de Appalachia y por tanto de la capital de la Atlántida. Allí podrían evitar las inundaciones y pensar en cómo sobrevivir y formar una nueva civilización intraterrena avanzada.
Las bases de la Alianza que no fueron completamente destruidas durante la primera guerra antigua, principalmente la de Aere, Bu-cegi y Khri-mea también habían sido desalojadas antes de que desaparecieran bajo el agua. Las dos esfinges que marcaban la posición de la base de la Alianza en Aere, habían quedado anegadas y una de ellas destruidas por el impacto directo de un asteroide que, debido a su tamaño, la atmósfera terrestre no había podido desintegrar. Casi todo había quedado fuera de servicio y se había perdido mucha información ancestral.
En cuanto a Venus, que era un planeta muy tropical con mucha agua, seguiría siéndolo después de la destrucción de Tiamat, puesto que lo que había recibido de sus escombros no era nada comparado con lo que había recibido la Tierra. Sin embargo, Marte había sido aniquilada por las guerras de Sol 13. Era uno de los planetas más perjudicados por los enfrentamientos militares entre la Alianza y los reptiles. La caída de material proveniente de Tiamat no cambiaría mucho su siniestra fisionomía. Para poder habitarlo otra vez, habría que buscar lugares bajo la superficie.
Desgraciadamente, aunque la afluencia de agua de Tiamat sobre Venus y Marte no había sido tan grande como en el planeta Tierra, la catástrofe ocasionada en este último también modificaría sus trayectorias alrededor del sol. Todo el sistema solar quedaría afectado de una manera o de otra.
El resto de material desprendido de Tiamat junto con muchísima chatarra generada por la destrucción de muchas naves durante la confrontación militar entre la Alianza y razas sauroides, que no fueron atrapados por la gravedad de los planetas circundantes, comenzaría a convertirse en escombro que se depositaría mayormente como rocas de hielo sucio en la trayectoria que antes seguía Tiamat en su singladura alrededor del sol dando lugar al nacimiento de un cinturón de asteroides que se interpondría entre la órbita de Marte y la órbita de Júpiter.
Visto desde cierta perspectiva, lo acontecido principalmente en la Tierra había provocado un verdadero cataclismo sin parangón en el cosmos, pero la inundación del planeta con las aguas y el goo negro del ya desaparecido Tiamat solo iba a ser el menos catastrófico de los problemas, no solo para la Tierra, sino también para todo el sistema solar Sol 13.
La Tierra empezaba a sufrir cambios muy profundos a nivel energético. El agua que caía estaba generando una fuerte alteración de la magnetoesfera terrestre y un desplazamiento gigantesco de los polos magnéticos que se estaban volteando y que, a su vez, producirían una devastación colosal inesperada en un lapso muy breve. Además de eso, el aumento de la masa de agua de la Tierra definitivamente ayudaría a descontrolar la elíptica de la trayectoria del planeta alrededor del sol lo que afectaría también al sistema solar en su conjunto.
La Alianza galáctica muy debilitada y viendo el panorama desde el espacio, comenzaba a darse cuenta de la verdadera naturaleza de la amenaza que suponía la destrucción de Tiamat. Ahora, tenía tres problemas principales que resolver y de manera urgente. El primero, frenar o minimizar los efectos del cambio de los polos magnéticos terrestres y evitar en lo posible un nuevo cataclismo en la Tierra.
El segundo, evitar que la Tierra siguiera una trayectoria elíptica mucho más larga para compensar la falta de Tiamat, lo que produciría un cambio brutal en las estaciones del año y, de llegarse a producir, solo quedarían dos: un invierno muy largo y frio y un verano corto y abrasador. El tercero problema era evitar que ninguna entidad regresiva superviviente a la catástrofe, fuera reptil o de otra naturaleza, pudiera escapar de la Tierra.
Había que confinar a los reptilianos en la Tierra hasta encontrar una forma de convertirlos en seres más amorosos y armoniosos con el universo, aunque Karistus, sospechando nuevamente de las bondades de la Alianza, se lamentaba de que ésta propusiera esta medida tan tarde, cuando ellos ya habían apostado tiempo atrás, por aplicar el amor y la armonía para evitar la guerra y el posterior cataclismo en Sol 13.
Para resolver estos problemas los ingenieros de la Alianza habían determinado que era necesario interferir en la magnetoesfera de la Tierra para que los polos de ésta volvieran a colocarse en su posición original. Había que equilibrar la masa de la Tierra bajando la frecuencia de vibración, lo que haría que fuera más pesada energética y físicamente, compensando, así, la masa del desaparecido planeta y consecuentemente, recortando la longitud de su trayectoria elíptica.
Por último, había que crear una barrera electromagnética alrededor de la Tierra a manera de muralla para prevenir que los reptiles supervivientes en la Tierra pudieran escapar hasta que la Alianza recuperara fuerzas y pudiera regresar con amor y armonía para acabar de manera definitiva y satisfactoria con la amenaza reptil en la Tierra y en el sistema solar.
Al analizar las posibles soluciones con los ingenieros de la Alianza, todo pasaba por crear un potente campo electromagnético de baja frecuencia y densidad que cumpliera con las condiciones necesarias para resolver los tres problemas principales creados por la destrucción de Tiamat. Dicho campo electromagnético debía ser proyectado con un dispositivo que a priori no existía en ese momento, pero que podía ser resuelto, según especificaron los ingenieros de la Alianza, por la nave biosfera andromedana dañada durante el conflicto bélico acontecido antes de la destrucción de Tiamat.
Habría que hacer algunos cambios en la nave y añadir unos generadores específicos para procurar la energía suficiente para crear dicho campo magnético y también crear un holograma para dar una apariencia menos dramática a la nave y para que desde la Tierra los supervivientes creyeran que lo que veían era una luna natural como lo fue aparentemente Tiamat.
Desafortunadamente, la Alianza no llegó a tiempo para parar el cambio de polos de la Tierra por lo que ésta se vio envuelta en otra catástrofe de magnitudes colosales y de la que pocos supervivientes de la inundación saldrían vivos. La inundación podía llegar a ser un evento superable con el tiempo, pero un cambio de polos sería demoledor. Los que ya habían encontrado refugio en el interior de la tierra salvarían la vida, pero los que no, tendrían muy difícil salir adelante.
A los tres problemas anteriores se le sumaria otro no menos importante. El terror generado en los lirianos supervivientes por el sempiterno sometimiento de los reptiles, la destrucción de Tiamat, y su consecuente inundación, y el cambio de polos de la Tierra produciría un trauma tan enorme que la psique de los supervivientes quedaría gravemente afectada, ocasionando una esquizofrenia en sus mentes y dando paso a la generación de energía loosh por miedo y por consiguiente, a la creación masiva de egrégores y tulpas que acompañarían a los lirianos de por vida, quedando ese miedo incrustado en su ADN y en su inconsciente.
La Alianza vio esto como una amenaza para el cosmos y para las razas positivas que ya habían trascendido los miedos causados por la expansión de los reptiles en las guerras de Orión, así que decidió que los lirianos terrestres supervivientes deberían ser confinados también en la Tierra y no permitírseles salir de allí hasta que superaran su trauma. Por tanto, el campo electromagnético que debía ponerse en marcha desde la nave biosfera andromedana reacondicionada no solo debía contener a los reptiles, también a los lirianos.
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