Episodio 14: Conmoción en Sol 13.

Conmoción en Sol 13

«Se utilizaron armas de destrucción
masiva, punto cero y armas de energía
termonuclear, que desestabilizaron el planeta
Tiamat creando ondas de choque
en su gran océano que resultaron en la
desviación de su magnetosfera
que resultó en la destrucción del planeta»

Swaruu de Erra.
Video de Agencia Cósmica:
Atlántida, Lemuria, Reptilianos,
Adán y Eva, Tiamat.

Sistema solar Sol 13. Alrededores de Venus, Tierra, Marte, Tiamat y Jupiter.
Unos 12.500 años atrás, marco temporal de la Tierra.

Trabajo sucio o no, las acciones de la Alianza podrían marcar un punto de inflexión en la existencia del sistema solar, pero sucediera lo que sucediera, la culpa de lo que ocurriera siempre sería achacada oficialmente a las razas sauroides. Sin embargo, las manos de algunos de los oficiales de la Alianza quedarían irremediablemente manchadas de sangre porque serían ellos los que comenzarían la fiesta cósmica siguiendo las órdenes de entidades, no de densidades superiores dentro de la Alianza, sino otras de más baja densidad fuera de ella.
El sistema solar Sol 13 estaba situado en el espacio profundo, en un extremo de uno de los brazos de la galaxia y a duras penas estaba concurrido pues no existían rutas comerciales. Sin embargo, en los últimos tiempos Sol 13 tenía un tráfico estelar tan intenso que pareciera estar atascado. Ahora no solo parecía estar atascado, sino que estaba a punto de estallar. Las naves sauroides y de la Alianza formaban una tela entretejida muy densa que cubría el espacio circundante de los principales planetas.
Aunque la situación en la Tierra era de extrema gravedad y se requería una intervención inmediata, el ambiente en el espacio mostraba un escenario de pre- guerra disfrazado de una aparente normalidad. Ambos sabían que, si la Alianza intervenía en la Tierra o las posiciones sauroides hacían algún movimiento extraño, el conflicto espacial estallaría. Las comunicaciones entre los contendientes a duras penas se realizaban y el silencio era elocuente.
Ninguno de los dos bandos daba su brazo a torcer y ninguno de los bandos quería ser el primero en apretar el botón para no perjudicar su karma, sobre todo en el lado de la Alianza y en concreto entre los de la raza andromedana. Había fuertes escaramuzas en superficie y misiones secretas, pero apenas trascendían y modificaban el precario equilibrio de la situación global en Sol 13. Todos estaban atentos para ver quien cometía el primer error, porque eso podría significar un punto de inflexión en la existencia del sistema solar. Nadie quería mancharse las manos de sangre, aunque eso no era una preocupación para las razas sauroides que una gran mayoría se alimentaban precisamente de eso. Buscaban el momento idóneo para resolver el problema.
Karistus estaba realmente preocupado y quería intervenir en el conflicto para poner fin al asunto, pero la Alianza había requerido a la raza joviana que se mantuviera al margen al no ser miembro activo de la Alianza y carecer de autoridad para dirimir asuntos que competían solo a la Alianza. ¿Desde cuándo los asuntos de Sol 13 incumbían solamente a la Alianza? ¿Cuándo la Alianza se arrogó el control del sistema solar y con qué propósito? Estas preguntas se las hacían los Karistus, aunque cada vez tenían más claro cuál era el verdadero papel de la Alianza Galáctica, no solo para Sol 13, sino para todo este sector de la galaxia.
A pesar de no ser oídos, los Karistus insistían a los miembros de la Alianza allí presentes que debían de mantener la vibración alta y no prestar atención a los sauroides para que su energía se desvaneciera en el Éter y ellos con ella. El que los reptiles poblaran ahora Sol 13 y estuvieran a punto de emprender una batalla feroz era responsabilidad directa de las razas lirianas que llevaban esculpido en su ADN el terror que las guerras de Orión habían provocado en su psique y habían manifestado ese horror en forma de hordas asesinas con aspecto de reptil. Sí, los reptiles eran reales, pero todo era el resultado de los egrégores y tulpas manifestadas por los lirianos desde hacía casi un millón de años.
La negativa de la Alianza a escuchar a los Karistus se sumaba a las serias sospechas que estos tenían respecto al comportamiento de los lideres de la Alianza y no entendían su cerrazón a no enfrentar el conflicto de otra manera ya que éste mantenía la frecuencia en el sistema solar más baja de lo normal, cosa que favorecía a las razas regresivas. Más curioso era contemplar como muchas otras razas de alto nivel espiritual no intervenían a favor de las propuestas de los Karistus que a todas luces eran mucho más positivas y conllevarían menos sufrimiento tanto a nivel físico como espiritual.
Los taygeteanos y urmah seguían al pie de la letra las directrices de la Alianza y pensaban que la vía militar era la mejor forma de acabar de una vez por todas con las razas regresivas. ¿Es que acaso no habían aprendido nada en tantos siglos de existencia? ¿O simplemente obedecían órdenes, aunque no estuvieran de acuerdo con los pasos a dar por la Alianza?
Pese a la ilusoria quietud y del nerviosismo reinante entre las razas positivas, los que realmente respiraban tranquilos era los sauroides, especialmente los usungal. Era como si supieran lo que iba a suceder. Quizás solo fuera que se estaban dando un festín con el miedo que la situación prebélica estaba generando en las razas lirianas principalmente. Si el conflicto al final estallaba, para ellos sería la guinda del pastel. El loosh generado por la guerra sería un plato delicioso del que todos los sauroides disfrutarían. Pero no eran los usungal los que podían decidir empezar el juego. Los dracos eran los que tenían ese poder y por ahora la tarta seguiría sin partir.
Sin embargo, los usungal llevaban tiempo maquinando la manera de empezar el espectáculo estelar con o sin consentimiento de los draco. Y llegado el momento serían ellos lo que realizarían el trabajo sucio, pero siguiendo órdenes dadas por la inteligencia sauroide. La Alianza había contribuido a generar la situación en la que se encontraba Sol 13 y, por cuestiones desconocidas, era muy favorable para los intereses de las razas reptiles.
En un momento de máxima tensión en el sistema solar un potente rayo de energía ionizante surgió de entre las nubes de Marte. Fue a impactar a una nave draco desprevenida que estaba situada en órbita baja marciana. Aunque los escudos energéticos de la nave draconiana estaban activados, la frecuencia del rayo había sido sintonizada a la de los de los escudos del crucero con lo que los hacia completamente vulnerables e inoperables.
El impacto fue tan poderoso que la nave se partió en dos. Nadie se lo esperaba. Todos quedaron sin habla y atónitos ante este grave hecho, ¿Qué había sido eso? ¿De dónde había surgido el rayo? ¿Quién lo había disparado? ¿Cómo sabía el agresor la secuencia de cambio de la frecuencia del escudo de la nave draconiana? Después de superar los momentos de estupor e incredulidad y tras analizar los rastros del rayo, todo parecía indicar que su huella energética pertenecía a la raza taygeteana.
Taygeta había disparado supuestamente desde la superficie de Marte hacia la nave sauroide. ¿Qué fue lo que causó el disparo? No parecía que hubiera habido provocación previa. Taygeta no habría abierto fuego de no ser que les hubieran incitado a hacerlo y la Alianza les hubiera dado el visto bueno para contratacar. El incidente estaba envuelto en misterio, pero los draco no iban a investigar lo sucedido. Iban a contestar al ataque sin miramientos.
La nave draco dañada gravemente se puso en contacto con la nave comandante para informar de lo sucedido y del estado de la situación. Para los reptiles esta provocación era el detonante que haría estallar la guerra en Sol 13. Y así la nave insignia sauroide dio orden a todas las naves reptiles de responder al ataque en todos los frentes. Las naves de la Alianza se preparaban para lo que se les venía encima. Especialmente contra naves taygeteanas que supuestamente habían sido las iniciadoras del conflicto.
Los disparos empezaron a sucederse entre naves en órbita y entre órbita y la superficie de los planetas afectados. La persecución entre naves con menos poder destructivo que intentaban escapar y sus perseguidores se incrementaba. El espacio comenzaba a llenarse de fuego y de chatarra. Se estaba desencadenando un feroz ataque entre los dos bandos que rápidamente se contagiaría a los efectivos de la Tierra y Venus. La batalla se concentraba principalmente entre el sol y Júpiter.
La crueldad del bando sauroide se hacía patente cuando se centraba en objetivos de la Alianza menos preparados militarmente o que servían de soporte logístico para las naves más poderosas. En la superficie de Marte comenzaban a verse los efectos de las armas de energía ionizante. Las explosiones eran gigantescas y la devastación de la superficie casi completa. Todos los ecosistemas habían sido prácticamente destruidos. Las naves urmah y taygeteanas no dejaban ni un solo rincón sin arrasar allí donde había presencia reptil. Por otro lado, muchas de las naves de Alianza caían a manos de las hordas reptilianas que las perseguían sin tregua hasta que eran destruidas por completo. La siega de vidas era horrible.
En la superficie de la Tierra ocurría algo similar. Se observaban batallas en el cielo de alguna zona de las regiones orientales y explosiones termonucleares en diversos puntos del planeta. La capital de la Atlántida no estaba siendo atacada contundentemente debido a que allí había diversidad de razas tanto de un bando como de otros y las confrontaciones militares se realizaban muy lejos de allí.
En Venus se mantenía la tónica de otros planetas; diversos ataques, batallas aéreas y explosiones de gran poder energético. Muchas vidas se estaban perdiendo y la victoria no parecía que se decantase a un bando o a otro. A pesar del poderío militar de la Alianza, el imponente número de efectivos de los sauroides dificultaba que la victoria se inclinase hacia el bando progresista. La existencia del sistema solar empezaba a estar en juego.
Afortunadamente para todos, incluyendo Karistus, Tiamat, con nulos efectivos sauroides en superficie, se mantenía intacta gracias a la defensa de andromedanos, antarianos y arcturianos que utilizaban naves de gran poder para frenar los ataques reptiles. A pesar de la advertencia de la Alianza, Karistus también apoyaba la defensa del planeta con su tecnología. Tiamat era considerado la joya del sistema solar por su alta conciencia.
Y Jupiter se mantenía al margen gracias a la defensa de alta consciencia de los Karistus que impedía el acercamiento de cualquier nave, ya fuera sauroide o de la Alianza.
Mientras todo el conflicto bélico se desarrollaba en los entornos de los principales planetas de Sol 13, la Alianza llevaba todas las operaciones desde la base de Saturno donde había establecido su cuartel general lejos del peligro. Desde allí daba las órdenes oportunas a los miembros 5D de la Alianza situados en el frente de batalla.
Después de muchos meses batallando por el control del sistema solar Sol 13 y de haber contabilizado muchísimas bajas en ambos lados, el conflicto parecía lejos de poder resolverse. El hecho de que se hubieran enviado al sistema solar Sol 13 más refuerzos militares, no solo de las razas sauroides, sino también de las razas que formaban la Alianza Galáctica, mayormente taygeteanos, indicaba que el conflicto seguiría activo durante mucho más tiempo.
Pareciera que no solo los sauroides se alimentaban del terror, del sufrimiento y de la desesperanza que estaba generando la guerra en este sistema solar, alguien de la Alianza tenía intereses muy oscuros para que no acabara nunca. Y así lo pensaba los karistus que seguían insistiendo en que esta guerra no se acababa con más armamento sino con la utilización de la mente y la consciencia.
Y no solo las vidas de reptiles y lirianos habían sido cercenadas por la sinrazón, los planetas estaban también siendo afectados por la conflagración. Importantes ubicaciones en la Tierra habían sido destruidas ya por los fuertes combates y la utilización de armas de alta poder destructivo que la crueldad de los sauroides así lo aconsejaban. Marte había quedado prácticamente arrasado y Venus sufría las consecuencias de manera análoga a la Tierra.
Tiamat estaba siendo acosado, pero nadie había arremetido seriamente contra él por ser un planeta de agua casi en su totalidad y carecer de valor táctico para los sauroides. No obstante, las defensas andromedanas mantenían a raya al enemigo que estaba dando muestras de querer controlar el planeta aun a pesar de no ser un hábitat idóneo para ellos.
La consciencia planetaria había sido casi destruida. La consciencia del sistema solar casi anulada y su vibración se había derrumbado, a pesar de los esfuerzos de karistus en mantener la frecuencia alta. Este estado beneficiaba y daba más fuerza a los reptiles. Las fuerzas positivas estaban hechas trizas. ¿Había valido la pena tal destrucción? El sufrimiento era total, pero todavía no había acabado todo.

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Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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