Episodio 10: La primera guerra antigua.

La primera guerra antigua

«Atlántida y Lemuria estaban en la Tierra,
pero no era una sociedad cerrada a solo
la Tierra como la Tierra lo es hoy. Es decir que
tenían contacto y flujo con otros planetas
por lo menos del mismo sistema.»

Yazhi Swaruu.
Reseteo planetario. Respuestas de Yázhi Swaruu,
por Agencia Cósmica, Gosia.

Sistema solar Sol 13.
Aproximadamente hace 36.000 años, marco temporal terrestre.

Habían transcurrido milenios desde la intervención de la Alianza en el sistema solar Sol 13 para construir las bases o estaciones de paso y todo parecía fluir en paz y en armonía en todos los planetas. Sin embargo, la Alianza estaba cada vez más determinada a acabar con la amenaza constante de las razas del Consejo de Orión que, encabezada por los Dracos, seguía siendo el martillo demoledor de este sector de la galaxia, pero las tornas habían cambiado hacía muchos años y los perseguidores y cazadores de razas antropomórficas se habían convertido en perseguidos y cazados.
La estrategia de la Alianza había cambiado de una postura de defensa y control a una de persecución activa y ataque sin descanso contra las razas sauroides lo que había permitido limpiar muchos rincones del espacio y devolver la paz y tranquilidad a muchas razas lirianas que se habían asentado en muchos planetas desde que salieron huyendo de Lyra.
No se sabía cómo, pero una flota errante de reptiles conformada por una corporación invasiva de naga, dracos y usungal, la raza dominante, que huía y se escondía de una Alianza cada vez más poderosa y militarizada, apareció de repente atravesando el plasma electromagnético de la estrella del sistema solar Sol 13 en una zona de baja actividad y presentándose en las puertas de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Se trataba de una estación avanzada a nivel planetario de dicha corporación y que en cierto modo representaba al Consejo de Orión. Las alarmas se activaron en el sistema solar y la paz, tranquilidad y armonía en la que vivían las civilizaciones de estos planetas se convirtieron en inquietud y preocupación.
Después de dos mil años de convivencia armoniosa, los malvados espaciales volvían a arremeter contra los lirianos. El poder de manifestación de los lirianos era muy fuerte gracias a la gran conexión con la Fuente Original y la presencia de los sauroides en el sistema solar no era más que un síntoma del miedo primigenio y del trauma creado por el sufrimiento y el dolor por haber tenido que enfrentarse a la muerte y a dejar su hogar en Lyra.
Las razas lirianas seguían manifestando tulpas y egrégores en forma de reptil debido a ese miedo primigenio, inscrito en lo más profundo de su ADN y de su inconsciente colectivo y que generaba la densa energía loosh necesaria para crear la materia que daba forma a los cuerpos pavorosos de los reptiles. Esos entes regresivos empezaron a interferir en sus vidas después de su éxodo de Lyra y allí seguirían hasta que no resolvieran su trauma original. Y la única forma de hacerlo era enfrentar el miedo, aceptar el dolor generado e integrarlo todo como lo habían hecho otras razas como la taygeteana que habían encontrado la raíz del problema y lo habían resuelto.
Pero no solo se trataba del poder de creación de los lirianos y sus traumas primigenios. La Alianza también había aportado cierta ayuda para conseguir la materialización de los reptiles dentro del sistema Sol-13. Y sí, realmente si se sabía cómo había aparecido la flota reptil en el sistema solar y no, no era una flota errante que huía de la Alianza y que por casualidad había recalado en las puertas del sistema solar aprovechando las condiciones de baja actividad favorables del sol.
Sin oposición alguna y habiendo escapado aparentemente del acoso incesante de la Alianza, el espacio circundante de Sol 13 parecía un lugar propicio para esconderse y aprovechar las circunstancias para invadir y ocupar todo el sistema. Los puertos espaciales en la Tierra y en otros planetas que la sociedad liriana utilizaban con frecuencia estaban en plena actividad. Solo el disparo de los sistemas de alarma debido a la detección de intrusos en Sol 13 podría paralizar el normal funcionamiento de la flota liriana y activar los sistemas de defensa tanto en el espacio como en todos los planetas. Aunque los protocolos de seguridad de las sociedades lirianas eran muy avanzados, desgraciadamente la naturaleza y procedencia de todo lo que navegara por los portales del sol eran difíciles de precisar y solamente podría identificarse el objeto con exactitud a la salida de la estrella y cuando se diera el caso podía ser demasiado tarde para una reacción adecuada.
Y este era el caso. Los poderosos cruceros estelares de los dracos, de los usungal y de los naga, armados hasta los dientes y dispuestos para la lucha se habían posicionado rápidamente en lugares estratégicos dentro del sistema solar como si conocieran de antemano donde tenían que situarse. Habían rodeado los sistemas espaciales lirianos en órbita que, aparentemente, tenían escasas posibilidades de escapar y sobrevivir a la furia destructora de los sauroides. A pesar de que inicialmente superaban en número a las lirianas, las naves reptilianas no estaban muy avanzadas tecnológicamente y ante un eventual contraataque de su presa, la navegación supra luminar o por salto al éter era una opción inexistente para estas razas regresivas de baja consciencia, teniéndose que ceñir solamente a su capacidad de navegación con propulsores de jet de plasma, lo que no les permitiría abandonar el sistema solar de manera súbita, aunque si podían utilizar los portales estelares para viajar de una estrella a otra de manera casi instantánea. Parecían más y más poderosos, pero las defensas lirianas y el espíritu luchador de muchas de las razas que coexistían en el sistema solar no se lo pondrían fácil. En cierto modo estaban acorralados en su propia trampa y tratándose de un animal salvaje acorralado, el resultado del enfrentamiento no auguraba nada bueno.
Sin embargo, y a pesar de los milenios invertidos por las razas lirianas de Sol 13 en su crecimiento espiritual y el vasto conocimiento adquirido en relación con las costumbres y comportamiento de las razas sauroides regresivas, todavía confiaban en que la semilla de la bondad germinara en el corazón de esos entes que también tenían cierta conexión con la Fuente. Deseaban establecer un diálogo previo o negociaciones de paz para evitar un enfrentamiento sangriento y la pérdida de innumerables vidas por ambos bandos. En el universo había espacio suficiente para todas las razas siempre que se avinieran a establecer una convivencia pacífica y armoniosa. No obstante, la desconfianza frente a dichas razas regresivas era tan grande que no habían querido descuidar el aplicar toda su sabiduría en el desarrollo de tecnología militar táctica y armamento avanzado para poder hacer frente a posibles invasiones o ataques sauroides sorpresivos.
Pero, a pesar de las buenas intenciones lirianas, las razas sauroides del Consejo de Orión presentes en Sol 13 no habían venido a dialogar, negociar o pactar ningún acuerdo. Venían a hacer lo que habían hecho siempre: invadir, destruir y esclavizar a los supervivientes. La única diferencia con otras ocasiones podría haber sido que, esta vez, se sintieran cercados y vinieran espoleados por la feroz y temible Alianza que supuestamente los persiguiera desde todos los rincones de la galaxia y los apremiara a desaparecer del cosmos. Esto podría haber obligado a los regresivos a mostrarse mucho más peligrosos e imprevisibles, aunque los lirianos no habrían notado la diferencia puesto que, desde su punto de vista, siempre habían sido así. Pero vinieran empujados por la Alianza o guiados por ella, la guerra era inevitable desde todos los puntos de vista y no tardaría en estallar. Los lirianos confiaban también en su poderío militar y estratégico y en última instancia, siempre podrían recurrir a la magnánima y omnipresente Alianza Galáctica en busca de ayuda.
Dentro ya del sistema solar, las fuerzas reptiles procedieron a intentar una maniobra táctica evasiva y minimizar la capacidad de ataque del enemigo. De una manera casi sorpresiva, movieron la mayoría de sus naves y se estacionaron en las órbitas bajas de la Tierra lo más cerca a lugares densamente poblados y por debajo de las defensas espaciales lirianas. La intencionalidad de esta maniobra estaba clara. Por un lado, se había acercado lo suficiente a la Tierra para preparar el camino hacia la invasión del planeta con lanzaderas y transbordadores mientras preparaban sus armas y escudos en los cruceros galácticos para dar cobertura al aterrizaje. Por otro lado, querían parapetarse y convertir a la población en escudos con los que protegerse de los posibles ataques provenientes del espacio. La maniobra era muy arriesgada ya que la tecnología armamentística liriana era muy avanzada y por muchos escudos que quisieran plantar los regresivos la posibilidad de acierto por parte de las razas positivas era muy grande.
Aun así, las razas regresivas, especialmente dracos y naga, comenzaron a disparar a las naves lirianas misiles atómicos y rayos de energía mientras que por otro lado enviaban a la Tierra las lanzaderas repletas de guerreros de asalto usungal con la finalidad de invadir la Tierra empezando por los continentes más poblados; Appalachia, Fenoscandia, Tirandia y Beringia. Tras asegurar sus posiciones y repeler los ataques en tierra de las posiciones lirianas, las batallas, tanto por tierra como por aire, se sucedían en el resto de los continentes dejando un rastro de destrucción ya que se empleaban sin contemplaciones armas termo nucleares arrasando muchos lugares. Entre los combatientes del bando liriano se encontraban también los de otras razas como andromedanos y celeanos que combatían con arrojo y pundonor obteniendo victorias contundentes sobre los reptiles.
En los ataques, muchas estaciones de paso y bases subterráneas habían sido destruidas por la inteligencia reptil que sabían de antemano dónde se encontraban y cómo se desactivaban sus defensas y los escudos energéticos toroidales. Habían utilizado rayos de energía desde las naves en órbita que penetraban en la tierra y producían una explosión enorme haciendo un boquete que llegaba hasta tal profundidad, que la base quedaba destrozada.
Sin las bases o estaciones de paso, los lirianos se quedaban ciegos y no podían saber la posición de los regresivos con antelación, lo que les daba una ventaja que no desaprovechaban. Los sistemas de comunicación por neutrino-muón habían quedado también destrozados por lo que sería inútil ponerse en contacto con otras partes del globo y también con la propia Alianza que no sabía a esas alturas que Sol 13 había sido invadido y estaba siendo diezmado por los reptiles del Consejo de Orión. O quizás si lo sabía, pero no iba a hacer nada al respecto.
Los contingentes regresivos atacaron también Lemuria, pero les era difícil tomar el control. Lemuria se estaba defendiendo valientemente contra las fuerzas usungal ya que la tecnología y poder militar de los lemurianos era superior a otras sociedades lirianas.
Finalmente, las fuerzas reptiles abandonaron la idea de acabar con Lemuria y decidieron concentrar sus esfuerzos en controlar el resto de la Tierra, especialmente Appalachia y su civilización y ciudad capital, que ya estaba prácticamente bajo el poder de los usungal y que habían convertido en su cuartel general. Desde allí seguirían conquistando terreno hasta hacerse con toda la Tierra. Los enfrentamientos seguían produciéndose y eran tan encarnizados que las bajas se contaban por millones por ambos bandos. Pero, a pesar de eso, los que tenían la victoria al alcance de su mano eran los sauroides que ya tenían miles de prisioneros lirianos y otras razas estelares que veían con estupor como una raza altamente regresiva dominaba sus vidas sin esperanza de que nadie pudieran hacer algo por ellos y mucho menos la apreciada y poderosa Alianza que supuestamente se encontraba en algún lugar de la galaxia persiguiendo y dando caza a más reptiles y creyendo que Sol 13 podría hacer frente, por sí mismo, a cualquier eventualidad que surgiera.
El espacio también se había convertido en una escombrera. Los cruceros galácticos de los dracos eran más poderosos de lo que se suponía, aunque no estuvieran al día en tecnología. Finalmente había contrarrestado las arremetidas lirianas y sus puertos espaciales e instalaciones en órbita habían sido destruidas. Esto hacía imposible frenar las incursiones reptiles en tierra y controlar el avance regresivo. En la conflagración inicial muchas naves de la confederación sauroide también habían sucumbido a la batalla, pero ya nada podía parar la barbarie. En otros planetas del sistema solar Sol 13 la situación era similar. El control regresivo era total.
Después de muchos meses de feroces enfrentamientos en tierra y en órbita, las bajas en ambos bandos eran cuantiosas, pero todos sabían quién era el claro ganador. Había llegado el momento para todas las razas positivas que intervinieron en el conflicto de aceptar la derrota y de sucumbir al yugo sauroide de los usungal que gobernarían la Tierra con el beneplácito de los dracos y de los naga que custodiarían el sistema solar Sol 13 para mantener su hegemonía y poder.
La flota de la Alianza no había hecho presencia durante el conflicto y ahora ya no se la esperaba. Las comunicaciones desde el sistema solar hacia otros sistemas o galaxias habían quedado deshabilitadas en el primer momento del comienzo del conflicto. Los reptiles sabían cómo hacerlo ya que habían conseguido los códigos antes de entrar en Sol 13. No había pues un ápice de esperanza para intentar llegar a un acuerdo de paz y parar el genocidio y la esclavización de los habitantes de la Tierra. Era imposible apelar a la cordura de las razas sauroides carentes de empatía y amor.
Los Karistus, que, debido a su alta consciencia, no habían sufrido directamente los embates reptiles, unidos a los más espirituales y metafísicos de los lirianos, consideraban el conflicto una barbaridad que bien podría haber sido canalizado y gestionado de otra manera ya que todo era mente en realidad, pero la Alianza solo vio la solución en la militarización de los planetas y utilización de las armas de energía y atómicas que dejarían yerma muchas regiones de la Tierra por miles de años. Esa forma de ver las cosas solo había sido el catalizador para volver a crear los egrégores y las tulpas de los reptiles que se desarrollarían al pairo de los miedos primigenios de los lirianos que una vez tuvieron que abandonar su tierra natal en Lyra en busca de la salvación.
Los continentes principales como Appalachia, Fenoscandia, Tirandia y Beringia estaban bajo el yugo reptil mientras que otros como Oceana, el continente de los lemurianos, y otras regiones de la Tierra se habían convertido en lugares demasiado inhóspitos y prácticamente inhabitables después de la guerra, incluso para los propios usungal que no mostraron ningún interés en ellos y los consideraban, erróneamente, territorios no peligrosos para su dominio. Gracias a ese desinterés, la civilización de Lemuria que había sobrevivido al conflicto bélico se convertiría en tierra de forajidos ya que muchos supervivientes y todavía libres habían decidido huir de la masacre hasta allí haciendo que aumentara su fortaleza y convirtiéndose en una región no dominada. Poco a poco se iría transformando en reducto de la resistencia contra los invasores usungal.
Definitivamente, se llegó a un alto el fuego, pero tan solo decretado por la parte vencedora, así que, la posibilidad de alcanzar un acuerdo para establecer ciertas garantías de paz y convivencia a los vencidos en la Tierra y en el resto del sistema solar, solo era una ilusión para las razas lirianas. Sin embargo, los nuevos gobernantes de la Tierra quisieron mostrar su lado amable a los vencidos haciendo ver a la población subyugada cuánto mirarían por su estado de bienestar y desarrollo a partir de ese momento.
El gobierno usungal había determinado, al contrario de lo que solían hacer, que el control y gobierno de la civilización de la Tierra por parte de los sauroides se realizaría respetando y conviviendo con las otras razas ya existentes y estableciendo una sociedad justa para todos. El resultado de esta nueva sociedad tomaría el nombre de Atlántida ya que los habitantes mayoritarios establecidos en Appalachia antes de la invasión eran atlantes que provenían de las Pléyades, concretamente de la estrella Atlas y en menor medida de Merope y Alcyone. Las razas reptiles podrían hacer uso y disfrute de los puertos espaciales que hubieran sobrevivido a la guerra y de los portales estelares con el fin de promover el comercio y otros intercambios culturales y tecnológicos entre razas. Por otro lado, se establecía que todo lo que no estuviera bajo el control de la Atlántida se consideraría proscrito, por lo que Lemuria y otras regiones de la Tierra estarían bajo escrutinio y control reptil.
En cuanto a los otros planetas de Sol 13, se establecía el control total de Venus y Marte donde las razas sauroides podrían coexistir con otras de su conveniencia. Entre ellas, una raza insectoide mantis proveniente de planeta Ohalum, que había colonizado una parte de Marte. Por otro lado, Tiamat era un planeta de alta vibración 5D y totalmente incompatible con los reptiles. No tenía un valor estratégico real para las razas regresivas, pero ocasionaba una fuerte perturbación en todo el sistema solar que ayudaba a mantener una alta frecuencia en el mismo. Esta alta frecuencia era un problema para los sauroides que deberían resolver con prontitud, pero el saber que los Karistus tenían un ojo sobre Tiamat fue suficiente para que no intervinieran de momento y no establecieran ningún control sobre él. Y, por último, la Alianza tendría oficialmente acceso restringido al sistema solar so pena de destrucción de la civilización liriana de la Tierra y otros planetas.
Durante los meses que había durado la conflagración armada, los Karistus parecían haberse mantenido al margen. A la vista de los lirianos, no hicieron nada por ayudarlos y liberarlos del sufrimiento. Sufrimiento que consideraban efímero y que sería trascendido al pasar al otro lado. Se habían parapetado en su planeta de alta densidad donde sabían que los sauroides no podían entrar. Pero la realidad era otra. Habían apoyado subrepticia y poderosamente a la resistencia de Lemuria contra la invasión regresiva del Consejo de Orión. La civilización lemuriana era la más avanzada en consciencia y en densidad comparada con el resto de las civilizaciones de la Tierra por lo que era más fácil la interacción. Se decían ser los guardianes de Sol 13, y a su modo hicieron su trabajo, pero no fue suficiente.
Estaban convencidos de que detrás de la invasión reptil a Sol 13 había intereses oscuros de la Alianza y que la llegada de las hordas sauroides al sistema solar no era casualidad. Una y otra vez los Karistus mostraban su creciente desconfianza en la Alianza y creían firmemente que la invasión reptil a la Tierra y a otros planetas de Sol 13 solo era el principio de algo más grande. Pensaban que, si ellos hubieran intervenido de manera frontal y directa contra el Consejo de Orión por la invasión de la Tierra, la Alianza no se lo habría permitido y habría actuado con contundencia contra ellos.
Los Karistus seguían sospechando del proceder de la Alianza que no se ajustaba en absoluto a criterios espirituales y metafísicos y para nada eran justos con la gente. ¿Por qué la Alianza no había aparecido durante el tiempo que había durado el conflicto armado? ¿Sería un problema de percepción temporal al no existir el tiempo? ¿Quizás la Alianza si llegó a Sol 13 para ayudar a las razas lirianas, pero se equivocó de línea de Tiempo? ¿Por qué seguía sin aparecer después de acabado el conflicto bélico? ¿Quizás consideraba que ahora todo estaba como tenía que estar? ¿Por qué las razas sauroides habían puesto tanto empeño en conquistar la Tierra y menos en controlar los otros planetas? ¿Había algo especial en la Tierra? ¿Serían sus habitantes con esa conexión tan fuerte a la Fuente? Había muchas preguntas y pocas respuestas que muy probablemente se escondían en las mentes de alguna facción regresiva de la Alianza.
Los Karistus habían llegado al convencimiento de que, si la Alianza hubiera estado persiguiendo realmente a las razas reptiles, fueran tulpas o no, en el momento que hubieran detectado que se dirigían a sol 13, la Alianza habría dado la voz de alarma a las bases de control y estaciones de paso diseminadas por todos los rincones del sistema solar y especialmente de la Tierra, Venus y Marte ya que ese podría ser el primer destino de los regresivos al salir por el sol. Por otro lado, las naves de las Alianza podrían haber entrado al sistema solar haciendo uso de la navegación supra luminar y manifestándose entre Tiamat y Jupiter con el fin de adelantarse a los acontecimientos y levantar una barrera para que las razas sauroides no llegaran hasta Jupiter y el resto de los planetas de Sol 13. Si eso hubiera sido así, los Karistus se habrían preparado para el embate contra los regresivos en caso de que éstos hubiesen roto las defensas de la Alianza.
Pero no fue así. Nada de eso ocurrió y Karistus llegó a saber que la Alianza había guiado estratégicamente a las fuerzas sauroides hasta Sol y había facilitado el acceso al sistema solar de estos regresivos escamosos porque los planes de los regresivos de la Alianza se habían definido así. Desde afuera parecía que era una persecución galáctica y que casualmente entraban en Sol 13. Pero no era mera casualidad que aparecieran de repente en este sistema solar. Y tampoco era casualidad que la flota reptil parara en las orbitas de la Tierra, Venus y Marte. Todo estaba orquestado. La Alianza regresiva quería que así sucediera porque deseaba que las razas sauroides se hicieran con el control de Sol 13.

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Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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