
La colonia de Lemuria
«Pero la conexión con el -alma-,
con el -katra- eterno, la conexión
con la Fuente Original se da a través de
cada célula, se da a través del ADN…….»
Yazhi Swaruu.
ADN – Reflejo de la consciencia,
Despejando Enigmas, Robert.
Colonia de Lemuria, continente de Oceana (ahora Oceanía), la Tierra.
Aproximadamente entre 40.000 y 38.000 años atrás, marco temporal terrestre.
La paz y armonía reinaba en el sistema solar Sol 13 desde hacía cientos de años. Las conciencias planetarias que lo formaban hacían que la media de su vibración fuera muy alta. El hecho de que Karistus velara por la espiritualidad y la alta frecuencia del sistema solar le convertía en un lugar tóxico para las razas regresivas cuyo nivel de consciencia estaba muy por debajo de la media del Universo. Que Sol 13 estuviera perdido en un brazo lejano de la galaxia también ayudaba a que pasara desapercibido y le hacía prácticamente inaccesible para las razas sauroides que todavía mantenían su afán por colonizar planetas, sistemas solares y constelaciones, diezmando civilizaciones enteras y esclavizando mayormente a lirianos y otras razas humanomorfas.
Por otro lado, la Alianza Galáctica era cada vez más grande y poderosa y su presencia empezaba a notarse en más y más sistemas y constelaciones de la galaxia y en todas las densidades o estados de consciencia. Se había convertido en el azote de las razas reptiles que conformaban el Consejo de Orión y de otras razas regresivas que merodeaban por la galaxia. Tanto era su poder que, hasta los Alpha Draco, mucho más avanzados espiritualmente que otras razas sauroides, cooperaban con ella haciendo que los reptiles capturados por la Alianza quedaran bajo su auspicio y custodia con el fin de convertirlos en seres más avanzados espiritualmente y dejaran de ser tan despiadados y sangrientos.
Y precisamente gracias al tamaño y poder de la Alianza, de vez en cuando algunas patrullas estelares de la misma se dejaban ver por el sistema solar Sol 13 para constatar que todo seguía en calma y reinaba la paz y la armonía.
A pesar de todo, la Alianza sabía que tarde o temprano el sistema solar Sol 13 sería descubierto por las hordas sauroides y necesitaba protegerlo para salvaguardar las formas de vida que se daban en este peculiar sistema. Debido a la insistente negativa de los Karistus a que se establecieran bases militares en todo el sistema para defenderlo de posibles invasiones, la Alianza había decidido enviar una pequeña dotación de naves de raza taygeteana para que se establecieran en el sistema solar y pudieran desplegar toda su potente tecnología. La idea era fundar una base o colonia taygeteana permanente que conviviera y cooperara con las razas lirianas altamente avanzadas que vivían en sociedades holográficas y que habitaban los diferentes planetas del sistema solar. Esta colaboración tendría la misión fundamental de controlar las entradas y salidas al sistema solar de cualquier nave o dispositivo que no perteneciera a la Alianza o alguna raza amiga.
Al cabo de un tiempo dos potentes destellos se vieron en los cielos cercanos a Jupiter y Saturno y detrás de ellos se materializaban, saltando desde el Éter, dos cruceros pesados galácticos taygeteanos con más de tres mil pasajeros y cargados con aparellaje tecnológico y de supervivencia. Para llegar allí, la flota había utilizado la navegación supra luminar programando el ordenador de a bordo de las naves con las frecuencias de destino que ya conocían gracias a las patrullas de la Alianza que cruzaban esporádicamente el sistema solar y que cartografiaban cada centímetro que recorrían.
En este caso, el destino era la Tierra, el planeta más poblado del sistema solar por razas lirianas. Para evitar posibles problemas con el tráfico espacial circundante de la Tierra, las naves habían hecho entrada al sistema solar un poco más alejadas del destino. Ahora encenderían los motores de propulsión por jet de plasma electromagnético hasta llegar a las inmediaciones de la Tierra.
Una vez alcanzado el objetivo, las dos naves taygeteanas se estacionarían en una órbita baja de la Tierra y comenzarían el contacto con el control de tráfico estelar que los lirianos habían instalado en el puerto espacial para sus propios propósitos. Aunque mayormente la comunicación era telepática, ésta se apoyaba en medios tecnológicos para hacerse ver y oír.
—Aquí dotación taygeteana de la Alianza Galáctica a control de Tierra.
—Control de Tierra a la escucha. Bienvenidos al planeta Tierra —por su huella energética y lo que se recogía telepáticamente, los lirianos sabían de sobra que se trataba de una raza empática y benevolente.
—Permiso para bajar el planeta —requería cortésmente el puente de mando de uno de los cruceros pesados taygeteanos capitaneado por una experimentada piloto nacida en Erra.
—No necesitáis ningún permiso. Todo está bajo control. Estamos encantados de recibir visita de nuestros hermanos cósmicos.
—En nombre de la Alianza —respondió la comandante taygeteana—, vamos a establecer una base permanente y fundar una colonia cuya misión será la investigación científica, ayuda y cooperación con otras razas estelares y labores de vigilancia de Sol 13 para detectar posibles intromisiones regresivas. Hemos estudiado el terreno a priori y nos dirigimos a una región situada en el hemisferio sur. No sabemos si tiene nombre ese lugar. Enviamos coordenadas de la situación exacta.
—Según las coordenadas recibidas —respondió el centro de control espacial—, se trata de un continente que hemos llamado Oceana. Es un buen lugar. Oceana es un territorio poco poblado, pero lleno de fauna y flora autóctona. Será bueno hacer asentamientos allí, principalmente, para que no quede abandonado y se convierta en refugio o granja para razas regresivas que puedan utilizar portales naturales y su entrada y salida queden desapercibidas.
—Gracias por la información. Nos encargaremos de investigar la existencia de dichos portales y tenerlos controlados en caso de que existan —finalizó la comandante taygeteana.
Inmediatamente después del cierre de la comunicación con el centro de control liriano, la dotación taygeteana aplicó el protocolo para las operaciones de vuelo y aterrizaje de las lanzaderas y transbordadores dentro de los hangares de los dos cruceros galácticos. Se procedió a embarcar a casi tres mil taygeteanos en cientos de lanzaderas que iban a formar parte del equipo de colonos que poblaría Oceana.
Una vez embarcados se dio la orden de poner en marcha los motores antigravitatorios de las lanzaderas y transbordadores cargados también con los suministros tecnológicos o biológicos que iban a ser transportados hasta Oceana. Previo al despegue desde el hangar principal de los cruceros galácticos, se procedió a configurar el vuelo para las naves con la ubicación exacta del punto de aterrizaje. Programadas ya las naves, se cambiaron las frecuencias de los campos energéticos que hacían de compuerta al exterior de los hangares y se procedió a su apertura. Hecho esto, se recibía la orden de despegue y comenzaba el ansiado viaje hacia la Tierra.
Las primeras lanzaderas posaban su tren de aterrizaje en una región situada al sur de Oceana donde existía una planicie extensa rodeada de árboles y selva y desde donde se avistaba varias montañas al norte y un cielo azul impoluto. Ese lugar era justamente el marcado por las coordenadas que los técnicos taygeteanos habían determinado. Para la dotación taygeteana, esta era la primera vez en poner un pie en la Tierra, aunque la gran mayoría de estos colonos ya tenían experiencia en reconocer planetas como este. Eran experimentados exploradores del cosmos que había decidido establecerse en un planeta sin fecha de retorno con el ánimo de hacer del sistema solar Sol 13 un sistema seguro para todas aquellas razas extraterrestres positivas que quisieran rehacer su vida con paz y armonía.
Según sus datos y los aportados por los lirianos, el aire era respirable, aunque la cantidad de oxígeno era inferior a la de sus planetas originarios, Temmer y Erra. Aun así, no tardarían en acostumbrarse y podrían abandonar los sistemas de respiración auxiliar que muchos llevaban incorporados.
En el terreno seleccionado, el clima era caliente, tirando a templado, y húmedo en esa época del año, aunque más al norte se transformaba en un clima subtropical. En el momento del aterrizaje la temperatura era agradable. A primera vista, el lugar parecía un territorio adecuado para erigir un campamento permanente. Allí se había personado una patrulla liriana para dar la bienvenida a las fuerzas taygeteanas que empezaban a desembarcar. Decenas de lanzaderas y transbordadores, provenientes de los cruceros galácticos en órbita baja, comenzaron a llenar el cielo de Oceana buscando sitio para aterrizar y descargar su apreciada carga. Lenta y silenciosamente se acercaban a tierra utilizando sus potentes motores antigravitatorios y de manera suave se iban depositando en la planicie dejando espacio suficiente entre naves para poder maniobrar libremente y sin interferencias. Los transportes que ya habían aterrizado aseguraban su posición y comprobaban el estado de la carga antes de abrir las compuertas. Después permitirían la salida al personal de a bordo y a continuación descargarían el contenido de las lanzaderas.
El espectáculo era portentoso. Cientos de lanzaderas repletas de pertrechos de toda clase sembraban el terreno con gente nueva y con tecnología punta con la misión de hacer que los lirianos, habitantes de la Tierra por derecho, vivieran con más protección y pudieran desarrollarse mucho más tecnológica y espiritualmente con la cooperación de las avanzadísimas taygeteanas.
Unas lanzaderas transportaban máquinas replicadoras de todos los tamaños para poder fabricar de manera casi inmediata objetos de todo tipo y piezas necesarias para el desarrollo de la colonia. Una de las primeras cosas que habían puesto en marcha en cuanto tocaron tierra fueron varios generadores de energía punto cero para abastecer la colonia de suficiente potencia eléctrica para la instalación de todos los equipos que iban a descargar.
Algunos transbordadores transportaban maquinaria pesada para la construcción de edificios, transportadores con levitación antigravitatoria y sónica, material de construcción especial y replicadores especializados para la construcción. En vez de fabricarlos en tierra directamente con los replicadores de piezas y con el fin de tenerlos disponibles de manera inmediata, algunas lanzaderas habían descargado vehículos de transporte de diferentes tamaños y capacidad.
También se había llevado a tierra material sanitario y, sobre todo, pods médicos y replicadores especializados, con el fin de dar cobertura a los casos de accidente u otras emergencias médicas.
Por supuesto no se habían olvidado de la alimentación, constituida principalmente por plantas con propiedades curativas de todo tipo, árboles frutales, verduras de muchísimas clases no existentes en la Tierra, algas marinas y arboles procedentes de Erra y Temmer para poder plantarlos en el nuevo terreno. También habían descargado a tierra algunos replicadores de carne artificial para poder alimentar a algunos de los animales que habían viajado desde Taygeta junto con la tripulación taygeteana. Entre estos, estaban los animales domésticos y también los salvajes que liberarían en el momento oportuno para sembrar de fauna externa que se uniría a la autóctona de Oceana.
Dado que una de las misiones de la base era desarrollar trabajos eminentemente científicos, se había transportado material de laboratorios, material tecnológico y bibliotecas holográficas y de libros físicos. La investigación de las profundidades marinas, su flora y fauna, era uno de sus principales objetivos en el entorno científico. Estaban muy interesados en analizar espiritual y metafísicamente como eran los seres que poblaban los mares y compararlos con los que conocían del planeta Tiamat y como influenciaban la consciencia planetaria y su vibración.
Era imprescindible tener autonomía y no depender de la ayuda liriana para poder realizar vuelos atmosféricos y espaciales para lo que algunos transbordadores y lanzaderas especializados también estaban bajando a tierra material para la construcción de vehículos y de naves espaciales. A esos nuevos vehículos se le sumaria alguno de los transbordadores y lanzaderas utilizados en esta ocasión. Con posterioridad, cuando se hubieran instalado los diferentes replicadores, podrían fabricarse todas las piezas necesarias para construir, prácticamente en su totalidad, una nave espacial de grandes dimensiones. Para ello, en la colonia se destinaría un lugar para construir un puerto espacial con sus correspondientes atarazanas.
Descargados ya desde algunos transbordadores espaciales y para sostener el centro de control e información de la colonia y dar cobertura a todos los colonos, se instalarían computadores holográficos, sobre una red muón neutrino conectada a una nueva IA preprogramada ya con los datos de la inteligencia artificial de los cruceros pesados que estaban en órbita. Cada máquina y cada replicador instalados en la base taygeteana tendría su conexión a la nueva red.
Tanto el centro de control e información como todos los computadores, bases de datos, la biblioteca holográfica con los conocimientos ancestrales taygeteanos y los que acumularan en esta etapa de la colonia y todo el material sensible serían introducidos en bases subterráneas para su mejor custodia y protección contra desastres naturales o ataques regresivos. Dichas bases subterráneas empezarían a ser construidas en el momento en que la colonia estuviera operativa. Quizás con el tiempo embellecerían la entrada a las bases con unas bonitas esfinges llenas de significado, como habían hecho en otros planetas.
Algunas lanzaderas transportaban material militar y de vigilancia. Aunque el sistema solar llevaba miles de años de tranquilidad y paz, había que considerar una posible invasión de las razas sauroides, para lo que había que estar preparados. Por esa razón se desplegarían algunas armas de energía por toda la base y se pondrán en marcha sistemas de vigilancia, no solo para escudriñar el espacio circundante a la Tierra, sino para sondear todo lo que viniera más allá del cinturón de cuerpos estelares que el propio sistema solar había absorbido con el paso del tiempo marcando, de algún modo, el borde del mismo.
Tras diez días de intenso trabajo descargando y transportando el utillaje y el material que les permitiera vivir y avanzar en esta nueva colonia, la planicie se había convertido en un hervidero de gente que se movía de acá para allá moviendo objetos para ubicarlos en sus posiciones definitivas. Era hora de construir los barracones que, temporalmente, cobijarían a la gente mientras se levantaban los edificios e instalaciones oportunas para que la colonia fuera totalmente operativa según se había previsto. Con el fin de reducir el tiempo de construcción de los barracones, muchos de sus elementos y materiales se habían bajado ya fabricados desde las naves nodrizas. Otros materiales más pequeños se elaborarían con los replicadores especializados para ir montando los barracones sobre la marcha y reducir el tiempo de construcción.
Cuando todas las viviendas temporales estuvieron ya construidas para dar cobijo a los casi tres mil taygeteanos, en su mayoría mujeres, la responsable de la misión hizo una llamada de reunión para hablar a todos los integrantes de la colonia. En el momento en que todos estaban ya reunidos alrededor de la responsable está comenzó a hablar dirigiéndose a todos:
—¡Habéis hecho todos un trabajo excepcional! y en poco menos de quince días terrestres habéis puesto en pie esta base o colonia a la que hemos decidido llamar Lemuria. Todo está conectado y funcionando gracias a los generadores de energía libre inicialmente instalados. Mañana descansaremos y celebraremos el trabajo bien hecho. ¡Felicidades!
Todos se felicitaron y alegraron por las palabras de su líder.
Y mientras disfrutaban de la paz y armonía que ofrecían el planeta y sus habitantes, Lemuria empezó a crecer y a desarrollarse rápidamente y en poco tiempo la colonia se convirtió en una próspera ciudad tecnológicamente evolucionada, rodeada de pequeños asentamientos que también se desenvolvían al amparo de la gran ciudad que se convertiría en la capital y que llamarían Mu. La sociedad de Lemuria había heredado los mismos principios que la sociedad taygeteana que la fundó, es decir, había establecido una sociedad holística similar a la que empleaban los lirianos terrestres y otras razas de la Tierra y fuera de ella.
La ciencia lemuriana se puso a estudiar en profundidad el planeta no solo físicamente sino espiritualmente. Era ya hora de empezar a pensar cómo podrían poner en marcha, con la colaboración de la sociedad liriana y otras razas que paulatinamente llegaban a la Tierra desde lejanas constelaciones, toda una red planetaria de estaciones de paso o bases de vigilancia y control aeroespacial como la que habían instalado en Lemuria que funcionara con energía punto cero. Para ello buscarían lugares en la Tierra donde pudieran establecer dichas bases y que, en principio, deberían situarse bajo líneas ley o líneas energéticas del planeta para potenciar el poder de colectar energía libre y entregarla, no solo para alimentar las bases, sino para el resto de los servicios y asentamientos aledaños.
Para la adquisición de energía libre se había decidido construir generadores en forma de pirámide que era la forma geométrica más adecuada para colectar energía punto cero. Esas pirámides tenían que estar construidas sobre una línea ley y por donde fluyeran canales intraterrenos de agua.
§

Un comentario en “Episodio 08: La colonia de Lemuria.”