
La gran expansión reptil
«Explicando a mi manera lo de las densidades,
solo existen en la mente de quien las
observa y solo tienen como límite la capacidad
mental, de conocimientos, entendimiento
y nivel de consciencia de cada uno. Pero no se
está en una densidad y no en otra. Solo vas
acumulando más percepción y entendimiento
a medida que vas aprendiendo y
experimentando tu expansión de consciencia.”
Minerva Swaruu.
Vídeo de Agencia Cósmica:
“Trasmutación al cuerpo de silicio, ¿verdad?”
Constelación de Lyra.
Hace alrededor de un millón de años, marco temporal terrestre.
Cientos de naves draco, usungal, naga y una cohorte de naves de apoyo orange y malakak habían atravesado la densa capa de plasma electromagnético de la estrella Vega sorteando las fuertes turbulencias que había ocasionado la falta de manchas solares en ese momento y que habrían permitido una navegación más tranquila cruzando la superficie del sol. En muy poco tiempo, el grueso de las naves se había posicionado en las órbitas bajas de los principales planetas Avyon y Lyra muy cerca de las estaciones espaciales que tanto los urmah como los lirianos habían construido para dar todo tipo de servicio y soporte a su navegación estelar.
Un contingente más pequeño de naves invasoras rodeó los otros dos planetas de la estrella principal de la constelación de Lyra. En Avyon, las razas sauroides, en representación del Consejo de Orión y de los alfa-draco, esperaban ser recibidas por la delegación real de los urmah para presentar sus respetos y de paso distraer la atención de lo que ocurría en el resto de los planetas del sistema solar de Vega.
Nada más entrar en el sistema solar de Vega la delegación sauroide se puso en contacto con Avyon para obtener el preceptivo permiso para atracar sus naves en la estación espacial y bajar a la superficie. Una vez que los oficiales del centro de información y control espacial urmah hubieran reconocido a sus visitantes, dieron el visto bueno a la operación de desembarco y los delegados sauroides se dispusieron a bajar a la superficie del planeta y ser recibidos cordialmente por los urmah que ya habían detectado su presencia incluso antes de que salieran de adentro de la estrella Vega.
La delegación urmah esperaba a sus visitantes en el puerto espacial situado a las afueras de la capital felina del mismo nombre que el planeta y cuyo edificio de recepciones era gigantesco, con estilos muy peculiares y adornado con enormes pilares internos formando pasillos con antorchas a los lados y regado de estatuas, esfinges y cuadros.
—¿A qué se debe tan inesperada visita? —preguntó telepáticamente el impresionante urmah de casi tres metros de alto que, ornamentado con una magnífica y llamativa armadura ceremonial, cubierta de oro y otros metales preciosos, actuaba como representante oficial de la raza felina.
—Creí que nos recibiría el rey directamente —dijo el draco en tono decepcionado con su porte majestuoso, sus casi 4 metros de altura y sus impresionantes alas desplegadas, pero sin causar ninguna impresión a la delegación urmah.
—Le ha sido imposible unirse a este súbito encuentro —se disculpó el urmah—. Si se nos hubiera comunicado con antelación… Decidme, ¿qué deseáis?
—Somos los heraldos del Consejo de Orión —anunció el draco—. Consejo, como sabéis, recientemente creado por nuestros inefables amigos comunes los alfa-draco. Esta es una misión diplomática para presentar nuestros respetos a tan elevada y poderosa raza y pediros que os unáis a dicho Consejo y hacerlo más poderoso con vuestra membresía y presencia.
—Fuimos ya cordialmente informados por los alfa-draco de la creación de este Consejo —advirtió amablemente el urmah— y ya se nos instó a unirnos a él para fortalecer más, si cabe, nuestros lazos de amistad. Pero declinamos tan excitante oferta de la misma manera que lo hacemos ahora. Nuestra amistad y cooperación no pueden quedar supeditadas a lo que se establezca en el Consejo de Orión o en cualquier otro.
—¿Por algún motivo especial? —preguntó el draco sorprendido por lo que acababa de decir el urmah— El Consejo de Orión y sus razas serían imparables con vuestra colaboración y lograríamos conquistar todos los rincones de esta galaxia.
—No lo dudo, pero la raza urmah no necesita unirse a ningún Consejo para conquistar esta u otra galaxia —explicó el urmah de manera arrogante y desafiante.
Mientras las dos representaciones se enfrascaban en vericuetos diplomáticos de intrascendente relevancia, la invasión del planeta Lyra y de los otros dos planetas de Vega había comenzado. Cantidad ingente de efectivos reptiles había bajado a la superficie de los planetas para capturar a sus habitantes y exterminarlos. Desde las naves sauroides en órbita se hacía un escaneo energético constante para controlar la salida de cualquier nave desde la superficie y derribarla sin contemplaciones.
Ante lo sospechoso de la visita sauroide, el alto representante urmah quiso sonsacar a su interlocutor alado.
—Por cierto —siguió diciendo—, para una misión supuestamente diplomática como es esta, ¿por qué no han venido directamente los alfa-draco? —preguntó suspicazmente el portentoso felino.
—Tenían otros asuntos que atender y delegaron en nosotros.
—¿Y era necesario el impresionante despliegue táctico de cientos de naves en los cielos de los cuatro planetas de este sistema solar?
—No, ciertamente —respondió el draco sarcásticamente—, pero queríamos que supierais el poder que puede llegar alcanzar el Consejo de Orión y sentiros atraídos por pertenecer a él.
—Esto parece más bien una amenaza que una invitación —rugió ruidosamente el urmah mientras telepáticamente le trasladaba a draco su enfado por la forma en que éste se había expresado—, pero dado que venís en nombre de los alfa-draco lo consideraremos una invitación a la que, por supuesto, no nos sentimos obligados a aceptar, rogándoos que os marchéis de aquí, abandonéis de inmediato este sistema solar y volváis a vuestros lugares de origen. Por favor, informad a nuestros inefables amigos los alfa-draco que vuestra misión no ha tenido el éxito esperado.
—Lamento que lo veáis de esta manera —se entristeció el draco intentando alargar la estancia en Avyon, entreteniendo a los urmah e intentando ganar tiempo, mientras las otras razas sauroides acometían su labor en los planetas aledaños.
—Os acompañaré hasta vuestra lanzadera —guio el urmah al draco amablemente hasta la salida y le urgió a marcharse del planeta.
A pesar de la inicial victoria diplomática de los urmah frente a los poderosos draco, en cierto modo los sauroides no habían fracasado en su misión, todo lo contrario. Habían logrado su objetivo de atacar el planeta Lyra, el más densamente poblado de lirianos, destruir muchas ciudades y cometer un genocidio casi total en el planeta. Aunque habían bloqueado todos los sistemas de comunicación de los lirianos, ¿cómo pudieron las fuerzas invasoras reptiles realizar tal hazaña sin que los urmah lo advirtieran, siendo que éstos eran una raza muy aguerrida y tecnológicamente avanzada? Los muy perversos y crueles sauroides habían contado con varios factores que jugarían a su favor. La más importante baza con la que contaban los draco era lo inadvertido de la operación y la inconcebible posibilidad de que los alfa-draco, fundadores y adalides del Consejo de Orión, y los urmah pudieran entrar en conflicto, dada la buena relación que había entre ambos. Los urmah nunca pensarían que esa misión sería una misión militar y mucho menos contra ellos o los planetas de su sistema solar. Los cogerían desprevenidos el tiempo justo para actuar. Por otro lado, las razas sauroides más regresivas se habían unido a los alfa-draco, más imponentes físicamente y algo más benevolentes, con el fin de constituir el Consejo de Orión y en cierto modo suavizar su carácter altamente negativo de cara a otras razas. Además, las razas sauroides, por el hecho de pertenecer a dicho Consejo, ya se les presuponía un talante similar al de alfa-draco contando con la aquiescencia de estos últimos para realizar labores diplomáticas interestelares con el fin de expandir el Consejo de Orión. Era obvio pensar que el concepto de labores diplomáticas difería enormemente de una raza a otra y sobre todo del que pudiera tener una raza benevolente como la liriana. Ésta era una raza muy avanzada tecnológicamente pero totalmente desmilitarizada lo que la convertía en presa fácil. Con todo esto en mente, los sauroides regresivos montarían una gran operación táctica revestida de visita diplomática tras la que se escondería una verdadera maniobra de distracción con apoyo tecnológico y militar de manera que las numerosísimas naves sauroides harían de pantalla para despistar y desviar la mirada de los urmah con tal de que no vieran lo que estaba sucediendo en el resto de los planetas de Vega. Y todo debiendo ocurrir en el escaso tiempo que los dracos presentaban sus respetos a los grandiosos guerreros felinos urmah.
Cuando los urmah de Avyon se dieron cuenta de lo que habían hecho los sauroides ya era tarde. Una vez que las naves reptiles de la comitiva diplomática estuvieron en espacio y fuera del alcance urmah, dieron la orden de atacar también Avyon y de invadir el planeta. La lucha fue feroz. Hubo mucho derramamiento de sangre y muchas bajas por ambas partes, pero finalmente los urmah no se dejaron invadir ni controlar. Los felinos pararon la colonización reptil de Vega, pero no fueron capaces de proteger a los lirianos de manera efectiva.
Las hordas reptiles y su cohorte de razas regresivas no tardaron en abandonar el sistema estelar de Vega por la misma estrella por la que entraron. Parte de su operación había fallado estrepitosamente y su propósito de acabar con los urmah había resultado un rotundo fracaso. Habían sufrido muchas bajas y no querían exponerse más a la fiereza y cólera de los urmah. Tras de sí, habían dejado un reguero de sangre en mucho de sus planetas. Lyra había quedado devastado y los otros dos planetas habían sufrido parecidas consecuencias, aunque menos pérdidas de vidas. Muchos lirianos fueron exterminados, otros hechos prisioneros, y otros, algunos supervivientes, afortunadamente pudieron escapar en sus naves. Tan solo unos pocos quedaron bajo el paraguas protector de los urmah.
Los lirianos habitantes de estos planetas eran pacíficos y aun cuando eran tecnológicamente avanzados, no poseían armas que pudieran contrarrestar la brutalidad y violencia de los sauroides invasores o de cualquier otra raza regresiva, pero sí poseían la posibilidad de camuflar las naves y sus huellas energéticas con lo que aquellos que pudieron formar grupos pequeños y lograron subir a sus naves y sortear las fuerzas invasoras en el espacio tendrían alguna posibilidad de salir con vida del planeta y del sistema solar Vega.
Para que las hordas reptiles no pudieran seguirlos y dificultarles su captura, acordaron escapar en todas las direcciones, diseminándose por toda la galaxia. Sería un eufemismo pensar que aquello era la gran expansión de Lyra, cuando en realidad era la gran expansión reptil. La persecución de los que lograron escapar comenzó desde ese primer momento y se convirtieron en objetivo prioritario para las razas sauroides que intentarían darles caza sin descanso.
Para los orgullosos urmah esta cruenta batalla había supuesto un durísimo golpe, no solo por haber sido burdamente engañados parapetándose en la supuesta buena relación con los alfa-draco, sino por el cataclismo que había supuesto la inesperada invasión reptil y porque no habían asistido a los indefensos lirianos con la ayuda que necesitaban. Sabían que muchos pequeños grupos habían logrado escapar del sistema solar de Vega, pero sería inútil buscarlos para hacerlos volver. Ya no había donde volver. Se sentían culpables por todo ello y a partir de ese momento cambiarían sus vidas y su forma de ver las cosas. Se declararían archienemigos de los sauroides y razas cómplices y les perseguirían hasta el fin de sus días estuvieran donde estuvieran.
Todo lo ocurrido había dejado en evidencia el verdadero carácter y ADN de muchas de las razas sauroides. Especialmente aquellas que se habían atrincherado en el Consejo de Orión que solo servía de excusa para dar caza a otras razas del tipo liriano tan apreciadas y deseadas por estas razas regresivas reptiles. Quedaba claro que actuaban ya fuera del control del Consejo de Orión y su objetivo era perseguir a otras muchas civilizaciones a las que atacarían y exterminarían sin piedad. Era el comienzo de las guerras de Orión o las guerras del millón de años. Los reptiles continuarían cazando a las especies de tipo liriano hasta llevarlas casi hasta el borde de la extinción, dejando poblaciones ridículas en algunos planetas, aterrados y escondidos en cuevas para que no pudieran ser descubiertos y capturados. En las paredes de esas cuevas dejarían la marca de su sufrimiento.
Las razas sauroides no tardarían mucho en traicionar la verdadera esencia del Consejo de Orión y por consiguiente a los propios alfa-draco. Esta también sería la semilla de la que nacerían muchas más traiciones a lo largo y ancho de este sector de la galaxia.
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