Pelagius, el druida astur.

Pelagius, el druida astur

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Esta alucinante y mística novela se adentra en la historia de la Hispania post visigoda, cuando el califato Omeya con sus ansias expansionistas no solo controlaba gran parte de la península ibérica en el siglo VIII, sino que tenía puesta su mirada en las Galias, allende los Pirineos. En ese instante y por las circunstancias políticas y sociales del momento, empezaba a despuntar Pelagius, personaje principal de esta obra que desmonta el mito de Covadonga, la Reconquista e incluso la propia existencia de Don Pelayo al que se le atribuye el germen del nacimiento de la monarquía española.

el personaje principal de esta obra que desmonta el mito de Covadonga, la Reconquista e incluso la propia existencia de Don Pelayo al que se le atribuye el germen del nacimiento de la monarquía española.

El enfoque de la novela es completamente diferente a lo que vivimos en la Ambición del Sarraceno, dándole un punto esotérico y espiritual a las andanzas de Pelagius que es investido como druida astur y que tendrá por misión luchar contra enemigos sutiles que no son tanto los árabes como otros personajes mucho más oscuros, siendo su campo de batalla principal los Mons Vindius (Picos de Europa) en lo material y el astral en lo espiritual.

En esta trepidante historia acompañará a Pelagius la gloriosa reina viuda Egilona que la historia oficial la da por muerta o desaparecida tras la muerte de su segundo esposo árabe Abd Al-Azĩz hijo del afamado Mũsã ibn Nusayr. En esta novela Egilona va a tener un papel predominante.  

Como en el trabajo anterior, he tratado de combinar los hechos históricos, las leyendas o crónicas de la época y una batalla espiritual del bien contra el mal, de la luz contra la oscuridad que nadie se ha atrevido a postular y que en suma son las verdaderas batallas que se viven en la guerras materiales que ha sufrido la humanidad desde su existencia. No obstante, he intentado dar un carácter serio y veraz de lo que pudo haber ocurrido realmente. También he utilizado la ucronía para rellenar los huecos históricos que la oficialidad no ha sido capaz de descubrir. Ucronía que se construye con mucha imaginación, conocimiento esotérico y metafísico y cierto desparpajo literario. Espero que os guste.

Los druidas célticos herederos de los sacerdotes lemurianos llevaban milenios luchando contra la oscuridad intentando preservar la verdad del mundo. Eran los ancestros de los druidas astures y éstos sabían muy bien que los imperios que intentaban conquistar el mundo solo eran las herramientas utilizadas por las fuerzas oscuras para dominar y esclavizar a la humanidad. Pelagius era uno de esos druidas que sabía muy bien el papel que tenía que jugar para proteger a sus congéneres astures y evitar que fueran presa de los dominadores del momento. La región de los indígenas astures era agreste y escabrosa, prácticamente infranqueable que ayudaba a mantener a los invasores alejados de su forma de vida.

La invasión sarracena de Hispania y su posterior conquista se había completado satisfactoriamente con la pasividad y, en algunos casos, con la aquiescencia de los habitantes hispanogodos que daban gracias a los invasores por haber desarticulado la corrompida y decadente monarquía visigoda que mataba de hambre a su pueblo mientras la nobleza aristocrática y eclesiástica vivía opíparamente. Ahora todas las instituciones visigodas habían quedado desmanteladas y la nobleza había alcanzado suculentos acuerdos de paz con los invasores con tal de seguir con su forma de vida, sus propiedades, su religión y sus negocios. Sin embargo, la región septentrional de la península ibérica y sus gentes trasmontanas seguía manteniéndose alejado de todo aquello parapetándose en las estribaciones y dificultades orográficas de los Mons Vindius. Y Ahí estaba Pelagius que se había erigido representante y embajador de esa gentes y que, de tanto en tanto, trataba con los gobernantes musulmanes con el fin de mantenerlos alejados de las regiones noroccidentales. Estas regiones no eran de interés para el imperio Omeya que preferían poner su mirada en objetivos más atractivos, siendo empujados por sus ansias expansionistas allende los montes Pyrene deseando seguir sus conquistar hacia las Galias.

Pero Pelagius, no sentía gran preocupación por los movimientos de los sarracenos y su mirada, como druida astur que era, estaba puesta en otros campos de batallas más sutiles que es donde realmente se dirimían las guerras de la luz contra la oscuridad. Lo que se percibía en el campo de batalla terrenal no era sino un reflejo de las batallas en el terreno espiritual y ahí es donde Pelagius y su progenie estaban concentrados.

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