Las dadoras de migajas

Las dadoras de migajas

Como casi siempre que me pongo a escribir algo específico, existe un disparador que impulsa a ponerme manos a la obra. Ese disparador suele ser una palabra o frase que surge de mi mente en un momento determinado. Entonces, como musa de inspiración, esa palabra o frase guía mi pasos hasta concluir el escrito. En esta ocasión, debido a un conjunto de eventos sucedidos recientemente, surgió en mi cabeza la frase “Las dadoras de migajas” como la más acertada definición para varias de mis anteriores parejas sentimentales.  

¿Qué es una dadora de migajas —o por extensión un dador de migajas—?

Aunque la psicología tradicional ya trata el tema de Tomadores y Dadores como comportamientos de muchas personas dentro de una relación, ya sea de pareja, de amistad o profesional, quiero, en este caso, aportar mi granito de arena al respecto y poner en evidencia este comportamiento al que yo he definido como dadora —o dador— de migajas y al que quiero suscribir solamente en lo concerniente o dentro del contexto de las relaciones de pareja.

No siempre vivimos una relación de pareja equilibrada. Muchas veces algunos damos mucho en una relación, pero recibimos poco o nada, aceptando incluso migajas del otro, al tiempo que nos desilusionamos porque no somos correspondidos como desearíamos.

En mi caso, casi siempre he dado mucho en mis relaciones y he recibido poco, solo las migajas de un amor imaginario. El estar enamorado de una persona que no siente lo mismo por ti o no siente nada e intentar construir una relación con esas bases se convierte en una ratonera y puede llevarte al menoscabo de tu autoestima y dirigirte por un camino de sufrimiento y frustración. Te acostumbras a las migajas que te da la otra persona creyendo que podrás cambiar las cosas y hacer que la otra persona se enamore de ti como tú lo estás de ella. La otra persona entonces puede convertirse en una dadora de migajas.

¿Por qué los dadores de migajas pueden permanecer en una relación que no les satisface?

Yo he tenido varias relaciones donde las dadoras de migajas jugaban un papel importante, a veces conscientemente y a veces de manera inconsciente. Quizás por problemas psicológicos o emocionales los dadores de migajas también se encuentran atrapados en esa relación que no las satisface, pero prefieren seguir estando en ella por miedo o por interés.

Para dar un poco de luz a este problema, voy a explicar alguno de mis casos. Cambiaré el nombre de los personajes para preservar la identidad de las verdaderas personas que hay detrás de estas historias:

Amelie.

Era una verdadera artista de la dación de migajas. Era una mujer atractiva, cariñosa y muy dependiente de los demás y eso hacía que cualquier hombre pudiera caer en su tela de araña y entrar en su vida fácilmente. Te hacía creer que se estaba construyendo una relación entre los dos y cuando menos te lo esperabas te habías enamorado perdidamente de ella. Tu creías que estabas en una relación, pero ella no lo consideraba así. Ella aprovechaba la circunstancia para que te convirtieras en su esclavo y trabajaras para ella. Por amor hacías esto o aquello que a ella le interesaba. El interés propio era su máxima. Para que no escaparas de esa relación tóxica te daba conscientemente migajas de un amor que solo existía en tu cabeza como pago a tus servicios y para que tu creyeras que ella sentía algo por ti; un beso aquí, una abrazo allá, algo de sexo muy de tarde en tarde y casi todos los días te dejaba plantado en la puerta de su casa, así que te ibas a la tuya triste, frustrado y decepcionado. Vacío. Jamás pronunció un te quiero.

Demasiadas señales que me advertían del desastre, pero por amor hice caso omiso.

Al final, se cansó de darme migajas y me dejó. 

Charis.

Al principio todo parecía ir bien. La relación parecía bastante equilibrada, pero estuvimos viviendo muchos años juntos sin casarnos. Eso le produjo cierta turbación porque no la aseguraba su futuro. Una incertidumbre que solo estaba en su cabeza. Así que nos casamos con la excusa de que así los niños que ambos teníamos de otras relaciones anteriores estarían más protegidos. Ahora ya se sentía segura con la relación, así que se convirtió poco a poco en una dadora de migajas puesto que ya no tenía la necesidad de capturar a la presa. En los últimos meses, por no decir en los últimos años, ya evitaba incluso darme migajas. Me había convertido en hombre florero.

Me separé al poco tiempo. Yo también me cansé de que me dieran migajas.

Trinity.

Fue la relación más especial que tuve. Me imaginé que por fin había encontrado el amor de mi vida y que la relación sería equilibrada y se acabarían para siempre las migajas. Estábamos muy enamorados lo que me dio esperanza a que pudiéramos construir algo real entre los dos. Ella estaba casada y yo separado, pero aún no divorciado. Así que como aquello era un escollo para seguir avanzando los dos, hice lo posible para allanar el camino desde mi lado, esperando que ella hiciera lo mismo desde el suyo. Yo hice mis deberes, pero ella no. Mis avances produjeron en ella un gran presión ya que la obligaban a tomar decisiones cuyas consecuencias no estaba dispuesta a asumir. Esta presión la llevó a convertirse en dadora de migajas, aunque por nuestras circunstancias lo fue desde el comienzo de nuestra relación, aunque tengo que decir, eso sí, que las migajas del principio las dio con mucho amor. Para mantener la relación, si es que alguna vez lo fue, me prometió muchas más migajas, pero con el paso del tiempo, la presión que mis sentimientos ejercían sobre ella y un buen puñado de estúpidas e increíbles excusas por su parte, las migajas se fueron desvaneciendo hasta que decidió dejarme con la última de las migajas prometida y no cumplida.

Lily.

Este es un caso hipotético que, aunque no debería estar en esta lista, debo ponerlo porque me parece un caso curioso. Son aquellas(os) que los ves venir y que te toman el pelo un par de veces porque te pillan con las defensas bajas. Podría decir que se les daba muy bien el timo de las migajas.  

Psicología y personalidad de un(a) dador(a) de migajas.

No soy un experto en psicología ni lo pretendo, pero la experiencia y la observación me hacen deducir que tras la personalidad de estas personas se encuentra algún trastorno psicológico o emocional que las lleva a comportarse de esta manera:

  • Trastorno paternofilial asociado a un problema mental de uno de los miembros o a un trauma con alguno de los progenitores. En el caso de Amelie, debió tener un trauma cuando era niña con su padre y trataba a los hombres de su vida como si fueran su padre, de modo que los castigaba con su comportamiento.
  • En el caso de Charis el trastorno estaba asociado con su madre. No quería ser como su madre, pero cuanto más pasaba el tiempo más se parecía a ella. Pero no solo tenía ese problema. Ella nunca estuvo enamorada de mí, pero necesitaba asegurarse el futuro, saber que cuando fuera mayor habría alguien a su lado. No importaba si había amor o no entre los dos. Lo importante era que el otro estuviera a su lado cuando llegara el momento. Para que el otro no terminara yéndose, de vez en cuando te daba unas migajas.
  • En el caso de Trinity, fue el miedo a perder a sus padres si se divorciaba de su actual cónyuge. El miedo era cerval. Pudo más el miedo que el amor que sentía por mí. Me dio migajas para tenerme a su lado porque ella me amaba y no quería perderme, pero la opresión era tan grande que no pudo soportarlo. Ella acabó con todo.
  • Esquizofrenia, bipolaridad, incluso alexitimia.

Como reconocer a un(a) dador(a) de migajas.

Podría haber muchos más indicadores que te llevaran pensar que tu pareja es un(a) dador(a) de migajas, pero estos lo he rescatado yo de mis experiencias:

  • Intuyes que algo va mal.
  • Cuando haces introspección te sientes triste, decepcionado, apático.
  • Te niegas a ver lo evidente y te pones excusas para no hacer lo que debes de hacer.
  • Piensas que estás haciendo todo lo que debes hacer para que tu pareja te corresponda de la misma manera, pero ves que aquello no funciona.
  • Sentirás que te has convertido en un adicto de las migajas, aunque quizás no sepas reconocerlo.
  • Te evitan y evitan la mayoría de los momentos íntimos con peregrinas excusas.
  • Te utilizan para sus propósitos. Si trabajas bien, lo mismo te pagan con un beso y con mucha suerte tendrás algo de sexo.
  • Si les das seguridad en la relación que consolide su objetivo personal te apartarán y te tratarán como un objeto. Quedarás muy bien encima de la TV.
  • Harán lo mínimo para que sigas en la relación sin exponerse demasiado.
  • No tendrás ningún peso en la relación. Tu voz nunca será oída.
  • Te harán creer que sienten algo por ti y te engancharán un poco más a ellas dándote unos besos, haciéndote unas caricias o algo de sexo de tarde en tarde y de mala gana (su migaja por excelencia.)
  • Rara vez te dirán que te quieren o te aman. No pueden decírtelo porque no lo sienten. Y si te lo dicen es una falsa migaja.

Conclusiones y advertencias.

Los dadores de migajas solo existen porque tú se lo permites. Nunca debemos conformarnos con las migajas, aunque podemos caer en la adicción y no poder vivir sin ellas. Huye de esta gente porque terminarás sufriendo lo indecible. El ayuno es más saludable que vivir de migajas.

Publicado por IngenieríaEstelar

Soy Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y después de una vida empleándola en asuntos materialistas he decidido orientarla hacia asuntos más espirituales.

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